sábado, 5 de septiembre de 2026

Iguazú.

 El día empezó pronto. A las 7:30 ya estábamos listos los seis (Marta y Juanma se habían ido la noche anterior) pero antes de salir había que despertar a Laís para felicitarle. No diré el insultante número de años que cumplía. Con la tarta que había preparado Eloise nos despedimos, ahora sí, de los novios.

El camino al aeropuerto cómodo. Llegamos sobrados de tiempo. El aeropuerto de Säo Paulo (Guaruhos) enorme y repleto de gente. Los aeropuertos se han vuelto un lugar horrible. Es por eso que no me gusta hacer viajes internos en los países a los que viajo; aquí no había remedio, además no viajo solo. Y pues tan horribles son que Lola y yo nos quedamos en tierra, llegamos tarde a la facturación (los demás llevaban solo equipaje de mano). Nos hicieron la gracia de darnos plazas en un vuelo para las 10 de la noche. El resto del equipo estaba en Iguazú a las 2 de la tarde. Javi nos estaba esperando a la 1 de la mañana. 

Blog por aquí, polarstep por allá, cafecito por el otro lado, al final se hizo soportable el día de aeropuerto y lo bueno es que el día siguiente nos estaba siendo organizado, llegaríamos a mesa puesta. Nos dijeron que había que madrugar, habían quedado con un coche para salir a las 7 de la mañana; primero iríamos a ver las cataratas desde Argentina y luego volveríamos a Brasil. 

Empezó a llover al poco de llegar nosotros a Iguazú y el ruido no paró en toda la noche. Medio en sueños estábamos ilusionados pensando que los meteorólogos, que anunciaban lluvia para el día siguiente, se habían equivocado y la lluvia se había adelantado. Pues falso. A las 7 no llovía, diluviaba. Hubo quien propuso quedarnos en casa. Cosas de chiquillos; Javi, la cordura, se impuso y nos fuimos pitando para Argentina. Casi una hora. Y seguía lloviendo. Que le den. Compra de chubasqueros (los que no lo llevaban) y "padentro". Qué maravilla. Qué delicia ver bajo la lluvia incesante, cascadas y cascadas. Más de uno agradecía que el sol no saliese porque el espectáculo con lluvia era soberbio. Pero el sol salió y un nuevo espectáculo apareció ante nuestros ojos; igual de maravilloso. En las cataratas vistas desde Brasil prácticamente no llovió, aunque nos mojamos. Estas cataratas estaban a solo 20 minutos en coche de nuestra casa. 

A Javi y a mi nos venía a la cabeza una y otra vez nuestra visita a las Victoria, hacía solo 5 meses. Otra lluvia, otro espectáculo. 

Decidimos no hacer el paseo en barca, bien decidido. Hay que dejar algo para la prósima vez en la que quizás cojamos hotel en las mismas cataratas, el de Argentina creo que es Meliá y el de Brasil no recuerdo pero tiene una pinta de balneario inmejorable.

Tenemos cientos de fotos. Voy a colgar unas pocas pero nada es comparable con el vivo  y el directo. Cuando después de ver Argentina creíamos que no veríamos nada mejor, llegó Brasil. Y otra inmensa sorpresa. Imposible elegir, imposible renunciar a nada. Las fotos van mezcladas, como siempre.
























El tren que nos llevaba, en Argentina, hasta las cataratas.




Importante. La garganta del diablo, que es la estrella de las cataratas de Argentina, estaba cerrada por uno o dos meses. Al parecer pasas por debajo de ellas. No importó, muchas de las fotos que se ven corresponden a esa garganta, vista desde Brasil. Si acaso ya volveremos.

Una buena cena en un agradable italiano y la expedición se partió en dos. Al día siguiente Lola y yo hacia Río de Janeiro y el resto camino de España. 


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