martes, 25 de agosto de 2026

Costa Verde

A Río también volveremos Lola y yo y seguiremos contando cosas. El resto del grupo ya ha estado dos días más, sugiero que se visiten sus correspondientes blogs 😅

Salimos de Río, iniciamos un viaje de cuatro días por la Costa Verde, la que va desde el sur de Río hasta el norte de São Paulo. Antes de coger el coche, los tres mayores recorremos a pie por la mañanita las playas de Ipanema (nuestro apartamento está a cinco minutos) y Copacabana. Los más jóvenes van a la playa a jugar a la "altinha", un juego de balón que yo no conocía y que me parece divertido. Ahí va el  Enlace Altinha  para el que se anime; regla única: las manos no valen. 

A media mañana recogemos los dos coches que teníamos alquilados y emprendemos camino juntos los seis; Celia y Dani van a hacer parte del recorrido por libre pero este primer día lo pasamos todos juntos. 

!Y qué bien comemos!  Es en Muruqui, poco más al sur de Itacuruça....en un "mirante", (mirador) que es precisamente el nombre del restaurante. 

Dani y el que suscribe en la terraza del Mirante (restaurante de Muruqui). Una joya.

No conseguimos adaptar nuestros horarios a los del país en el que estamos y empezamos a comer a las 3 (como debe ser un sábado, que diría el otro). Así que acabamos de comer cuando queda menos de una hora para anochecer (aquí y ahora en torno a las 6). Por suerte, el hotel al que habíamos echado el ojo está en el mismo Muruqui, a diez minutos del restaurante. Y la suerte no nos abandona: el hotel es nuevo, los dueños son muy amables y el precio bueno (42€ la habitación... que tiene hasta cocina).  

Antes de que se vaya el sol...y abrigaditos...

El sol apremia (el sol que se va), así que dejamos las cosas y corriendo a dar una vuelta por el pueblo. Un pueblo de verdad, con casas de no más de dos pisos. Con ser una zona turística (en verano, no ahora, que en el hotel solo hay otras dos parejas), se percibe pobreza en el pueblo, nada que ver con nuestras inigualables costas europeas. La playa también es diferente, y también los chiringuitos. En palabras de uno de nosotros, aquí hay alma.


Muruqui. Playas de las de antes.


Nadie parece tener ganas de cenar. Yo creo que es para conservar más tiempo el buen sabor de boca que nos ha dejado la comida. Pero algunos no renunciamos a una caipirinha y ahí nos tenéis.


Milagros de los videógrafos, eran casi las 9 de la noche.

Hubo también quien no quiso renunciar a dar unos pases de altinha (testigo es el balón que se ve a los pies de la caipirinha derecha), cayó en el asfalto (a quién se le ocurre, se juega en la playa, coño) y decidió dejar este deporte para siempre. El del fondo, el que sujeta con su mano la bolsa de hielo sobre el brazo.

Mejora rápidamente he de decir.


lunes, 24 de agosto de 2026

Río de Janeiro

 A Salvador volveremos al final del viaje, acabaremos de visitar la ciudad y hasta quizás tengamos la oportunidad de "observar" algo de candomblé. Aunque soy reacio al turismo religioso, tengo entendido que el candomblé tiene algo de filosófico (una forma de vivir) y mucho de cultural por lo que tiene un gran interés antropológico. Así que ya veremos.

Pero ahora toca volar a Río, al sur, a dos horas y media. Volamos a mediodía lo que nos permite ver las dos ciudades desde el aire y vale la pena. En Río nos esperan Celia, Dani, Sergio y Javi.  Tenemos un piso alquilado para los seis, en Ipanema, casi ná.  

Esa primera noche nos regalamos una picaña como es debido; "carne con de todo", para los que no sepan de qué hablo. Mañana hay que madrugar para la visita al Corcovado, una de las maravillas del mundo, a quién se le ocurre, a quién se le ocurre incluirla en las siete grandes. En fin.

De la picaña no tengo fotos pero del Corcovado hasta aburrir. Abramos boca.

No debería decirlo: es un montaje y hubo quien pagó por la fotito de los c.



























Qué día amigos, qué odisea la de subir al Corcovado. En otras palabras: !Vaya Cristo!

Poco más de las 9 y ya estábamos en la estación del tren que nos llevaría hasta el cielo, donde el jorobado (que no otra cosa significa corcovado); dicen que su silueta es a lo que recuerda (yo no lo veo por  ninguna parte). Pues bien, que nos dan unos tiques con entrada al tren cuatro horas después. Decidimos ponernos a la cola de los que se quieren saltar los horarios; al cabo de casi una hora descubrimos que son muchos los listos que han pensado lo que nosotros, calculamos que nos quedan más de tres horas de cola y decidimos cambiar de estrategia: nos vamos y ya veremos. 
El ya veremos es una vendedora de tiques para autobús que nos promete que con este billete (solo un 20% más caro), a las 11:15 iniciaremos la escalada...Y además, entretanto, suerte con la que hemos nacido algunos, nos podemos tomar un cafecito con sus buenos dulces. Y  lo del café se hace realidad; lo de las 11:15 se vuelve pesadilla. Ahorraré detalles. 
A eso de las 2 del mediodía ya estamos en la última de las colas, la que nos dará acceso VIP a los ascensores que llevan a la cumbre. Pero como no siempre todo sale bien del todo, es justo entonces cuando comenzamos a recibir en nuestros móviles alertas de potentes vientos.... Que no nos expongamos, que estemos a cubierto...insisten los mensajes. !Y nosotros, camino del airoso y aireado Corcovado! Esta vez sí que es una pena no poder cargar algún video que tengo en el que se aprecia la ventolera con la que nos regalaron los dioses arriba del cerro en el que se apelotonaban, nos apelotonábamos, los incautos turistas.

A las 4:30 comenzamos a comer. Somos gente con suerte, este día nos ahorramos la cena.

Ah, se me olvidaba: como en los mejores tiempos tuvimos nuestra pequeña bronca con las joyitas de la Compañía de autobuses. Nos devolvieron la mitad de lo que habíamos pagado. (Haciendo honor a la verdad diré que el abono en la tarjeta todavía no se ha completado).

La comida, cojonuda. 


Nota: Río vista desde arriba, no me digan que no, eso sí que es una maravilla, se ponga como se ponga la Iglesia (que algo tendrá que ver con la catalogación, digo yo)

domingo, 23 de agosto de 2026

Salvador de Bahía

Fue Salvador la primera capital de Brasil. Pasó el testigo a  Río. Hoy la capital es Brasilia.  Era la ciudad por la que entraban la mayor parte de los esclavos traídos desde África. Al parecer, hoy en día es la ciudad no africana con más personas de raza negra; debo decir que ni Lola ni yo lo hemos notado. 

Esta información nos la dio J, un compañero de avión con el que pasamos buenos ratos durante el vuelo. Él nos dio mil pistas para visitar la ciudad; vive entre Madrid y Salvador, así que sabe lo que dice. Tan enamorado de Salvador que consiguió que nuestras expectativas aumentaran más de lo aconsejable; como pasa con un libro, con una película, con una canción o con una persona, es mejor no contarlo todo, dejar algo a la imaginación de cada uno, al descubrimiento personal, al azar, a lo inesperado, a la sorpresa. 


En la "cidade alta" está lo más bonito de Salvador. La visita obligada es Pelourinho pero nos dijo J que  Sant Antonio de Alem, solo "un poco más allá" era más interesante.  Y es verdad. Las calles, largas y tortuosas, son un homenaje al colorido, cada casa pintada de un color pero como por arte de magia nada desentona; todo bastante decadente. Agosto es temporada baja y se nota, somos muy pocos paseando y los restaurantes, abundantes, no tienen mucha gente. Además es miércoles. Falta "ambiente", yo lo agradezco; pagamos un precio: el espectáculo de capoeira, que estaba entre nuestros objetivos, solo es en fin de semana, seguiremos intentándolo. Para los que no lo recuerden,  ahí va un enlace con youtube: Enlace Capoeira 

Detras de los capoeristas está la Fundación casa de Jorge Amado, uno de los grandes escritores en lengua portuguesa. Inolvidable su "Gabriela, clavo y canela" y su "Tereza batista cansada de guerra". Los que le hemos leído no podemos pasar por su casa y no visitarla, y más siendo miércoles (museos gratis).




Al fondo Fundación Jorge Amado. Estamos en Pelourinho



Lola camino de San Antonio 








Durante este viaje releo, esta vez en portugués, "Capitães de areia". Una dura historia sobre los niños callejeros de Brasil escrita hace 90 años y que, me temo, es una historia no terminada. Amado fue un comunista convencido, un hombre de profundas convicciones y siempre del lado de los desheredados. Una pena que fuese connivente con los regímenes comunistas de mediados del siglo XX, supongo que la  misma que él (y tantos otros)  hubiera sentido de haber sido consciente.


Visitamos la calle 7de septiembre, un varullo de tiendas y  gente digno de oriente. Visitamos el Museo del mar, entramos en el Mercado Modelo, fuimos al Museo de Arte Contemporáneo, la Catedral etc, hablamos con unos y con otros y al final del día cenamos al aire libre a la vista (y oída) de una tamborrada como es debido y que como en años anteriores  no acierto a subir al blog. Así que de nuevo un enlace y hasta mañana Enlace tamborrada













martes, 18 de agosto de 2026

Brasil. La boda


 


Esto es Brasil, un inmenso país 15 veces mayor que España y con más de 200 millones de habitantes. Linda con  Uruguay, Argentina, Paraguay, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Guayana, Suriman y Guayana francesa. Y 7.500 kilómetros de costa. Está dividido el país en 26 estados.

Este viaje también es especial. Vamos a la boda de Antonio y Laís. Lola y yo volamos hoy directamente a Salvador, en el estado de Bahía. Javi, Celia, Sergio y Dani están ya volando a Sao Paulo y a continuación a Río de Janeiro donde nos juntaremos a ellos en dos días. 

Y desde Río, poco a poco, los seis hacia Sao Sebastiao, donde se celebra la boda. 

Así que sí, un poco distinto de otros viajes. Lola y yo estaremos en Brasil un mes; solo  En nuestros planes actuales está el pasar por siete estados, un poquitito por cada uno...

sábado, 21 de marzo de 2026

Etiopía

 En un correo madrugador que nos envían las Lineas Aéreas Etiopes se adjuntan dos vales para dos personas (nosotros, nuestros nombres están allí) en los quese nos invita a habitación de hotel en el aeropuerto con desayuno, comida y cena, estancia de 5:30 am  a 9;30 pm. Increible, vagamente recuerdo que esto era algo que se daba en el siglo pasado... Y atención, el hotel es de 5 estrellas y nos llevan y traen del aerpuerto. Monea Javi en internet y el Skylight resulta serel hotel más lujoso y grande de Etiopía. Ver para creer. Nos cambia la cara,de un viaje de vuelta en principio penoso (18 horas de espera en el aeropuerto) a este inesperado regalo. Estábamos valorando el pedir una "visa de tránsito" para visitar Addis Abeba durante esas largas horas pero... casi mejor que lo pensamos, una vez "fuera del aerpuerto" ya veremos qué hacer.  

Dos horitas en el Livingston Lodge, repasando fotos y recuperando musculatura. El amigo James nos lleva al aeropuerto desde donde volaremos a Johanesburgo (2,5 horas). 

 Larga espera (6 horas) pero entretenida, el sistema se ha caido y todo se hace manualmente. Una cabezadita en las cinco horas y media que dura el vuelo y poco antes de las 5 de la mañana estamos en Addis Abeba. Ya en el hotel, lo primero desayunar y mientras lo hacemo decidimos contratar un conductor-guía que nos entretuviese unas horas por la ciudad. Una vagueza imperdonable pero somos humanos. Kalek, que así se llama, nos lleva a una iglesia ortodoxa (de los 140 millones de etíopes que hay, más de la mitad son ortodoxos), vamos a ver  a  Lucy (interesante recorrido por la historia del homo sapiens), luego la mayor universidad de África, nos dicen (ubicada en el que fue palacio de Haily Selassie, "emperador" de Etiopía hasta 1974), disfrutamos con la ceremonia del café (y lo compramos, reconocido como uno de los mejores del mundo), nos llevamos hasta muestras para buscar compradores.  Finalmente vamos al "mercato" , el más grande de África, andamos por él en coche pero subimos a la azotea de un restaurante y desde lo alto apreciamos la inmensa pobreza que recorre Addis Abeba, que por muchas zonas céntricas podría competir con ciudades europeas.  Comemos (con las manos) el plato nacional (algo así como "enjir"), vegetariano, delicioso. Es final del Ramadán y, aunque los musulmanes son "solo" un 20% la ciudad está de fiesta y no hay mucho más que se pueda hacer.


Visitando a Lucy



Vista de la ciudad desde la habitación del hotel



Ceremonia del café











Ya en la recta final de este viaje interrumpo la sesión fotográfica para contar un chascarrillo que nos hemos traído Javi y yo durante todo el viaje. En carreteras sudafricanas, todas en obra, aparece de repente "un banderitas" indicándote que reduzcas velocidad; a los quinientos metros otro "agitador" dándote a entender que vas bien y un tercero y un cuarto y así hasta que uno te dice que ya está, que vuelve la normalidad. Javi meditaba en voz alta y decía: cuando estos hombres vuelven a casa y su hijo les pregunta: ¿Papá, qué has hecho hoy?  Agitar una banderita roja, hijo, bajarla un poco y volver a empezar. Y todos los días igual. Pues como este digno trabajador hemos visto varios miles durante el viaje, en todos los paises visitados: guapas administrativas que te sellan un papelito que sirve para cruzar un puente y que nadie te reclama; un camarero que retira una y otra vez lo que hay sobre la mesa en la que comes y que otro tiene que volver a poner; una señorita que, en un hotel de cinco estrellas, repartr a la entrada del comedor botellines de 330cc de agua y no hace otra cosa a lo largo del día (Soy entregadora de botellas hijo); un señor que revisa tu maleta y te impide entrar en Addis Abeba con los prísmáticos (te los requisan por un día); un policía que te para en medio de una carretera nacional y te pregunta de dónde vienes y adónde vas (y eso es todo, gracias, siga adelante); otros varios que te paran y te fumigan (mal de pies y no sé qué más.. )....¡Qué triste sensación de trabajos inútiles! Solo pensar en la vuelta a casa (¿Qué has hecho hoy papá?) da vértigo. 




Kalef y yo


Kalef y nos. Mercato al fondo


Kalef y Javi

Intrépido viajero bajando  de la azotea 














Lucy. Consúltese reconstrucciones.






Volvemos al hotel, podríamos haber aprovechado para ir a la piscina o al Spa, pero no nos da la vida. A las 23:15  sale nuestro vuelo a Madrid, boeing 787 en el que escribo estas últimas líneas. 

Hasta la próxima.



Barajas, cafecito de 5:30 de la mañana. Retomamos la chupa. 
Pesan los tantos paises y sus gentes, chaparrones, emociones, conocimientos, palizas, animalitos...



viernes, 20 de marzo de 2026

Zambia


A lo tonto a lo tonto cayeron otros 16 kms cataratas van cataratas vienen; 16 kms bajo el agua, podríamos decir.
A las 6 en casa, tarde de lectura, blog y piscina. Nos esperaba un martes con marcha. A prinera hora nos recogía un coche para llevarnos hasta la frontera donde otro coche, con otro pollo, nos llevaría a otro lugar donde nos montaríamos en una camioneta grande y descubierta en la que además de nosotros y del conductor iban otros dos colegas, uno "el listo", "el encargado", el otro, Abraham....ni idea de porqué viajaba con nosotros. Travesía de unos interminables 15/20 kms por caminos polvorientos, cruzando poderosos paisajes y algún poblado de los del National Geografic. ¿Dónde nos llevaban? ¿Por qué solo nosotros? En un recodo del camino, otros tres vehículos, mucho movimiento de locales y al fondo algún blanquito joven que rápidamente desaparece. En fin, paciencia. Aparecen otros tres pollos, uno con cámara de fotos, dos pequeñajos de rostro agradable y Abraham, que se une al grupo. 

Nos dan chaleco, casco y pala (remo), unos rápidos consejos de seguridad y..... a bajar 790 desiguales escalones (de altura variable, entre 20 y 40 cms) que destrozan la mejor de las rodillas. Con casco y chaleco puestos  los calores se hacen inaguantables, pero somos jóvenes y no damos señal de abandono. Bajamos al río Zambeze. Se cruzan con nosotros entre 10 y 15 chavales, como cabras locas (ellos); eran los porteadores, los que habían bajado todo el equipo a la orilla del río. Había cuatro botes,  6 u 8 kayaks,  las correspondientes tripulaciones (6 personas por bote incluído el fotógrafo) y unos 7 despistados como nosotros. Molidos como estábamos no tuvimos oportunidad de estirar las piernas, al bote y a remar (o no).

12 rápidos, en el agua casi dos horas. Dice Javi, que hace unos cuantos años hizo rafting en la India, que lo del Zambeze le parece mejor. Yo no lo había hecho antes, no tengo referencia con la que comparar, debo decir que el paseíto de marras me ha resultado impresionante.

Ahí van las fotos. Espero que a la vuelta podamos enseñar algún pequeño video a los interesados.






































Donde esto escribo me incorporo a por un vaso de agua, las piernas se resisten.... han pasado casi dos días desde la movida zambeziana, la paliza fue de aupa...Si la bajada fue dura la subida fue peor, el que suscribe seguro que perdió no menos de tres kilos (ya recuperados). Nuevamente nos cruzamos con porteadores, entre 10 y 15, sonrientes y amables, nos daban botellines de agua, imprescindible para mantener el tipo, ellos a su marcha; me dijeron que igual que habían bajado los botes, ahora tenían que subirlos y  que pesan más de 100 kgs. Están locos estos romanos (Axterix dixit). 

El día estaba resultando perfecto y aunque nuestra primera idea era ver las cataratas de Zambia al día siguiente, justo antes de volar a Johanesburgo, nos parecíó que era mejor hacerlo este mismo día, de vuelta a Zimbabue. El cuerpo estaba resentido pero fue un acierto. Eso sí, agua todo el que quisimos y más. Lo del día anterior se quedó a la altura de los tobillos. Y eso que solo eran tres cataratas. Y eso que sabíamos todo lo que hay que saber sobre cómo presentarse ante ellas: "manga corta", un buen poncho, paraguas y cuidadito con el móvil (si no es sumergible). Pues eso: que nos hicimos con un chubasquero de mierda, que se nos olvidó el paraguas y que mi teléfono acabó en la UCI  (el de Javi estuvo el día antes, parece que ya coge color). En fin, que nos calamos hasta los huesos y no tenemos una mala foto. La experiencia inolvidable.

Decía Javi que las cataratas serían la guinda de este viaje. Reconoce ahora que ha habido una segunda guinda: Zambia. Y es que además del rafting y de las cataratas por unas horas hemos revisitado el África que tenemos en nuestras mentes, sea porque lo hemos visto o lo hemos leído; ese África maravilloso que Ryszard Kapuscinsky dibujó como nadie en su libro Ébano (leasé sin demora si todavía no se ha hecho). 










El baobab, arbol milenario muy común por estas zonaa




Estampa típica africana. Niños de vuelta del colegio.
Nos dijeron, no lo creo, tres horas de ida y otras tantas de vuelta. Y así cada día







Entre la lluvia, la cámara y los fotógrafos esto es lo más que podemos ofrecer.



Felicidad la de quitarse el poncho (ese plastiquillo blanco de m.)
Y sentir una intensa humedad por todo el cuerpo
Un placer inolvidable