A Río también volveremos Lola y yo y seguiremos contando cosas. El resto del grupo ya ha estado dos días más, sugiero que se visiten sus correspondientes blogs 😅
Salimos de Río, iniciamos un viaje de cuatro días por la Costa Verde, la que va desde el sur de Río hasta el norte de São Paulo. Antes de coger el coche, los tres mayores recorremos a pie por la mañanita las playas de Ipanema (nuestro apartamento está a cinco minutos) y Copacabana. Los más jóvenes van a la playa a jugar a la "altinha", un juego de balón que yo no conocía y que me parece divertido. Ahí va el Enlace Altinha para el que se anime; regla única: las manos no valen.
A media mañana recogemos los dos coches que teníamos alquilados y emprendemos camino juntos los seis; Celia y Dani van a hacer parte del recorrido por libre pero este primer día lo pasamos todos juntos.
!Y qué bien comemos! Es en Muruqui, poco más al sur de Itacuruça....en un "mirante", (mirador) que es precisamente el nombre del restaurante.
| Dani y el que suscribe en la terraza del Mirante (restaurante de Muruqui). Una joya. |
No conseguimos adaptar nuestros horarios a los del país en el que estamos y empezamos a comer a las 3 (como debe ser un sábado, que diría el otro). Así que acabamos de comer cuando queda menos de una hora para anochecer (aquí y ahora en torno a las 6). Por suerte, el hotel al que habíamos echado el ojo está en el mismo Muruqui, a diez minutos del restaurante. Y la suerte no nos abandona: el hotel es nuevo, los dueños son muy amables y el precio bueno (42€ la habitación... que tiene hasta cocina).
| Antes de que se vaya el sol...y abrigaditos... |
El sol apremia (el sol que se va), así que dejamos las cosas y corriendo a dar una vuelta por el pueblo. Un pueblo de verdad, con casas de no más de dos pisos. Con ser una zona turística (en verano, no ahora, que en el hotel solo hay otras dos parejas), se percibe pobreza en el pueblo, nada que ver con nuestras inigualables costas europeas. La playa también es diferente, y también los chiringuitos. En palabras de uno de nosotros, aquí hay alma.
| Muruqui. Playas de las de antes. |
Nadie parece tener ganas de cenar. Yo creo que es para conservar más tiempo el buen sabor de boca que nos ha dejado la comida. Pero algunos no renunciamos a una caipirinha y ahí nos tenéis.
| Milagros de los videógrafos, eran casi las 9 de la noche. |
Hubo también quien no quiso renunciar a dar unos pases de altinha (testigo es el balón que se ve a los pies de la caipirinha derecha), cayó en el asfalto (a quién se le ocurre, se juega en la playa, coño) y decidió dejar este deporte para siempre. El del fondo, el que sujeta con su mano la bolsa de hielo sobre el brazo.
Mejora rápidamente he de decir.
