sábado, 21 de marzo de 2026

Etiopía

 En un correo madrugador que nos envían las Lineas Aéreas Etiopes se adjuntan dos vales para dos personas (nosotros, nuestros nombres están allí) en los quese nos invita a habitación de hotel en el aeropuerto con desayuno, comida y cena, estancia de 5:30 am  a 9;30 pm. Increible, vagamente recuerdo que esto era algo que se daba en el siglo pasado... Y atención, el hotel es de 5 estrellas y nos llevan y traen del aerpuerto. Monea Javi en internet y el Skylight resulta serel hotel más lujoso y grande de Etiopía. Ver para creer. Nos cambia la cara,de un viaje de vuelta en principio penoso (18 horas de espera en el aeropuerto) a este inesperado regalo. Estábamos valorando el pedir una "visa de tránsito" para visitar Addis Abeba durante esas largas horas pero... casi mejor que lo pensamos, una vez "fuera del aerpuerto" ya veremos qué hacer.  

Dos horitas en el Livingston Lodge, repasando fotos y recuperando musculatura. El amigo James nos lleva al aeropuerto desde donde volaremos a Johanesburgo (2,5 horas). 

 Larga espera (6 horas) pero entretenida, el sistema se ha caido y todo se hace manualmente. Una cabezadita en las cinco horas y media que dura el vuelo y poco antes de las 5 de la mañana estamos en Addis Abeba. Ya en el hotel, lo primero desayunar y mientras lo hacemo decidimos contratar un conductor-guía que nos entretuviese unas horas por la ciudad. Una vagueza imperdonable pero somos humanos. Kalek, que así se llama, nos lleva a una iglesia ortodoxa (de los 140 millones de etíopes que hay, más de la mitad son ortodoxos), vamos a ver  a  Lucy (interesante recorrido por la historia del homo sapiens), luego la mayor universidad de África, nos dicen (ubicada en el que fue palacio de Haily Selassie, "emperador" de Etiopía hasta 1974), disfrutamos con la ceremonia del café (y lo compramos, reconocido como uno de los mejores del mundo), nos llevamos hasta muestras para buscar compradores.  Finalmente vamos al "mercato" , el más grande de África, andamos por él en coche pero subimos a la azotea de un restaurante y desde lo alto apreciamos la inmensa pobreza que recorre Addis Abeba, que por muchas zonas céntricas podría competir con ciudades europeas.  Comemos (con las manos) el plato nacional (algo así como "enjir"), vegetariano, delicioso. Es final del Ramadán y, aunque los musulmanes son "solo" un 20% la ciudad está de fiesta y no hay mucho más que se pueda hacer.


Visitando a Lucy



Vista de la ciudad desde la habitación del hotel



Ceremonia del café











Ya en la recta final de este viaje interrumpo la sesión fotográfica para contar un chascarrillo que nos hemos traído Javi y yo durante todo el viaje. En carreteras sudafricanas, todas en obra, aparece de repente "un banderitas" indicándote que reduzcas velocidad; a los quinientos metros otro "agitador" dándote a entender que vas bien y un tercero y un cuarto y así hasta que uno te dice que ya está, que vuelve la normalidad. Javi meditaba en voz alta y decía: cuando estos hombres vuelven a casa y su hijo les pregunta: ¿Papá, qué has hecho hoy?  Agitar una banderita roja, hijo, bajarla un poco y volver a empezar. Y todos los días igual. Pues como este digno trabajador hemos visto varios miles durante el viaje, en todos los paises visitados: guapas administrativas que te sellan un papelito que sirve para cruzar un puente y que nadie te reclama; un camarero que retira una y otra vez lo que hay sobre la mesa en la que comes y que otro tiene que volver a poner; una señorita que, en un hotel de cinco estrellas, repartr a la entrada del comedor botellines de 330cc de agua y no hace otra cosa a lo largo del día (Soy entregadora de botellas hijo); un señor que revisa tu maleta y te impide entrar en Addis Abeba con los prísmáticos (te los requisan por un día); un policía que te para en medio de una carretera nacional y te pregunta de dónde vienes y adónde vas (y eso es todo, gracias, siga adelante); otros varios que te paran y te fumigan (mal de pies y no sé qué más.. )....¡Qué triste sensación de trabajos inútiles! Solo pensar en la vuelta a casa (¿Qué has hecho hoy papá?) da vértigo. 




Kalef y yo


Kalef y nos. Mercato al fondo


Kalef y Javi

Intrépido viajero bajando  de la azotea 














Lucy. Consúltese reconstrucciones.






Volvemos al hotel, podríamos haber aprovechado para ir a la piscina o al Spa, pero no nos da la vida. A las 23:15  sale nuestro vuelo a Madrid, boeing 787 en el que escribo estas últimas líneas. 

Hasta la próxima.



Barajas, cafecito de 5:30 de la mañana. Retomamos la chupa. 
Pesan los tantos paises y sus gentes, chaparrones, emociones, conocimientos, palizas, animalitos...



viernes, 20 de marzo de 2026

Zambia


A lo tonto a lo tonto cayeron otros 16 kms cataratas van cataratas vienen; 16 kms bajo el agua, podríamos decir.
A las 6 en casa, tarde de lectura, blog y piscina. Nos esperaba un martes con marcha. A prinera hora nos recogía un coche para llevarnos hasta la frontera donde otro coche, con otro pollo, nos llevaría a otro lugar donde nos montaríamos en una camioneta grande y descubierta en la que además de nosotros y del conductor iban otros dos colegas, uno "el listo", "el encargado", el otro, Abraham....ni idea de porqué viajaba con nosotros. Travesía de unos interminables 15/20 kms por caminos polvorientos, cruzando poderosos paisajes y algún poblado de los del National Geografic. ¿Dónde nos llevaban? ¿Por qué solo nosotros? En un recodo del camino, otros tres vehículos, mucho movimiento de locales y al fondo algún blanquito joven que rápidamente desaparece. En fin, paciencia. Aparecen otros tres pollos, uno con cámara de fotos, dos pequeñajos de rostro agradable y Abraham, que se une al grupo. 

Nos dan chaleco, casco y pala (remo), unos rápidos consejos de seguridad y..... a bajar 790 desiguales escalones (de altura variable, entre 20 y 40 cms) que destrozan la mejor de las rodillas. Con casco y chaleco puestos  los calores se hacen inaguantables, pero somos jóvenes y no damos señal de abandono. Bajamos al río Zambeze. Se cruzan con nosotros entre 10 y 15 chavales, como cabras locas (ellos); eran los porteadores, los que habían bajado todo el equipo a la orilla del río. Había cuatro botes,  6 u 8 kayaks,  las correspondientes tripulaciones (6 personas por bote incluído el fotógrafo) y unos 7 despistados como nosotros. Molidos como estábamos no tuvimos oportunidad de estirar las piernas, al bote y a remar (o no).

12 rápidos, en el agua casi dos horas. Dice Javi, que hace unos cuantos años hizo rafting en la India, que lo del Zambeze le parece mejor. Yo no lo había hecho antes, no tengo referencia con la que comparar, debo decir que el paseíto de marras me ha resultado impresionante.

Ahí van las fotos. Espero que a la vuelta podamos enseñar algún pequeño video a los interesados.






































Donde esto escribo me incorporo a por un vaso de agua, las piernas se resisten.... han pasado casi dos días desde la movida zambeziana, la paliza fue de aupa...Si la bajada fue dura la subida fue peor, el que suscribe seguro que perdió no menos de tres kilos (ya recuperados). Nuevamente nos cruzamos con porteadores, entre 10 y 15, sonrientes y amables, nos daban botellines de agua, imprescindible para mantener el tipo, ellos a su marcha; me dijeron que igual que habían bajado los botes, ahora tenían que subirlos y  que pesan más de 100 kgs. Están locos estos romanos (Axterix dixit). 

El día estaba resultando perfecto y aunque nuestra primera idea era ver las cataratas de Zambia al día siguiente, justo antes de volar a Johanesburgo, nos parecíó que era mejor hacerlo este mismo día, de vuelta a Zimbabue. El cuerpo estaba resentido pero fue un acierto. Eso sí, agua todo el que quisimos y más. Lo del día anterior se quedó a la altura de los tobillos. Y eso que solo eran tres cataratas. Y eso que sabíamos todo lo que hay que saber sobre cómo presentarse ante ellas: "manga corta", un buen poncho, paraguas y cuidadito con el móvil (si no es sumergible). Pues eso: que nos hicimos con un chubasquero de mierda, que se nos olvidó el paraguas y que mi teléfono acabó en la UCI  (el de Javi estuvo el día antes, parece que ya coge color). En fin, que nos calamos hasta los huesos y no tenemos una mala foto. La experiencia inolvidable.

Decía Javi que las cataratas serían la guinda de este viaje. Reconoce ahora que ha habido una segunda guinda: Zambia. Y es que además del rafting y de las cataratas por unas horas hemos revisitado el África que tenemos en nuestras mentes, sea porque lo hemos visto o lo hemos leído; ese África maravilloso que Ryszard Kapuscinsky dibujó como nadie en su libro Ébano (leasé sin demora si todavía no se ha hecho). 










El baobab, arbol milenario muy común por estas zonaa




Estampa típica africana. Niños de vuelta del colegio.
Nos dijeron, no lo creo, tres horas de ida y otras tantas de vuelta. Y así cada día







Entre la lluvia, la cámara y los fotógrafos esto es lo más que podemos ofrecer.



Felicidad la de quitarse el poncho (ese plastiquillo blanco de m.)
Y sentir una intensa humedad por todo el cuerpo
Un placer inolvidable




miércoles, 18 de marzo de 2026

¡Victoria!

Inenarrable. Ya lo anticipé: como sucede con tantas cosas en la vida de poco sirve que te lo cuenten, que lo leas, que lo veas en fotos o en películas; cuando se vive es cuando se aprehende (palabra bonita done las haya). Ayer nosotros vivimos las cataratas. Si se quieren ver videos, ahí está youtube, si fotos se googlea, si gente que las ha visto y se quiere preguntar, a patadas, pregunta; si leer, empieza con Livingstone.

Antes de echarnos al agua y contar nuestra particular odísea, un inciso. El seguidor preocupado seguro que se pregunta cómo volvemos. Porque recordará que vinimos por Catar. El vuelo de vuelta también era vía Doha. Seres impresentables se han metido en otra guerra más, así llenan los bolsillos y además despistan a los de casa, que se creen sus embustes. En resumen, que hace unos días, viendo que querían seguir con los tiros y con los acorazados y con sus portaviones de última generación y con las bombas atómicas, en fin, con sus cosillas...pues que pensamos que mejor evitar el golfo pérsico. Preguntamos a las maravillosas líneas aéreas que tenemos en España, pero los muy hijos de puta tampoco renunciaban a sacar tajada de la guerra, 1500€, 2000, 3000...lo que usté quiera. Sabíamos que nuestros amigos GyS, del Kruger, a los que la guerra les pilló calentita, consiguieron vuelo con las líneas aéreas Argelinas (algo falló del algoritmo porque para conseguir un precio razonable tuvieron que sacar billete de ida y vuelta; jodieron a la máquina. Llegaron bien a casa, un día tarde). Con los argelinos no conseguimos nada que no nos fastidiase todos los planes. Volvemos a través de Etiopía, con sus líneas aéreas, llegamos un día más tarde. En Addis Abeba, la capital, estaremos unas 16 horas....pero esa es otra historia...

Vamos al agua. A las 9 ya estábamos a la puerta de las cataratas. Íbamos preparados como auténticos profesionales, con nuestras chanclas, nuestras buenas chupas, la mochila para el teléfono... el día magnífico, el sol brillaba... nada anticipaba la tragedia.  Son 16 cataratas en Zimbabue y 3 en Zambia (el ya conocido puente separa los países y por tanto las cataratas). Hasta la catarata 4 todo iba bien, en las fotos se apreciaría nuestra cara de felicidad si supiésemos hacer fotos; lo prometo, estábamos ensimismados con el espectáculo y secos como el bacalao (salado). Obsérvense con atención nuestras chupas, sologotitas de agua... Poco a poco nos fuimos mojando más y más. En las próximas 12+1 imagenes, con cariño y mucha comprensión se podrá apreciar la evolucíón en el nivel de caladura de las prendas, atención a mi camisa, p.ej. 

El telefonito empezó a peligrar. La tortura se hizo progresivamente insoportable a partir de la séptima catarata... En la 12,  tras varias paradas en las que el agua toda nos venía desde arriba y al frente solo veíamos blanco, tomar un atajo que nos llevase a la entrada.

Fin de la primera parte. Eran las 11.






















Foto de transición, por aquello del colorido


No teníamos prisa pero sí algo de frustración por el escaso número de cataratas que habíamos podido apreciar. Tiempo para un cafecito. Por cierto, el único realmente bueno que hemos pillado en Zimbabue  (y Zambia). El verdadero hacedor era el currito (ver foto conmigo) con el que negociamos una reducción de precio del 25%, de 4 a 3 dólares. Y charla que te charla que al final, el jefe, amigo Shamy, nos colocó dos chubasqueros "de manga larga", de los de verdad, y un paraguas. Y aquí empezo una segunda y maravillosa parte, vestidos como gilipollas, como auténticos turistones(de los que nos reímos lo que quisimos y más en nuestras 6 cataratas) pero disfrutando como enanos del espectáculo que la naturaleza nos brindaba. Ahí van otras pocas fotos que dan fe de lo que digo.
Pero antes de empezar a ver fotos, ni se dude, pínchese en este enlace, el disfrute está garantizado... para todos menos para el que suscribe


Y ahora ya sí, a por las fotos.


Este sí que sabía lo que es hacer un buen café

















Y así se nos hicieron las dos. Dos horas dicen de visita, nostros estuvimos casi cinco. 

Una última reflexión: para mi, las mejores fotos son esas tres en las que no se ve nada, únicamente se puede adivinar, intuir, desear... pero no tocar.  Es este un sentir que tanto Javi como yo henos tenido, tanto en estas cataratas como en las de Zambia, en las que hemos estado hoy....tras una durísima sesión de rafting.....pero esa es otra historia...