Los que han echado un vistazo a la web de los novios sabrán que hay una primera etapa, el jueves, a la que podríamos llamar fiesta blanca. Viendo una sola fotografía se entendería el nombre. Como en este viaje la imagen vale más que mil palabras (de las mías), hoy aburriré con unas cuantas fotos.
| Una muestra |
De momento parece que el tiempo está de nuestro lado. La meteorología que dicen los más atrevidos. La lluvia ha cesado y el sol nos ilumina.
Ayer, primer contacto con los novios y con la familia brasileña; hoy llegan Marta y Juanma, se unen al equipo “familia-novio”, ya somos ocho.
En total unos 70 invitados. Si restamos 10 o 12 familiares de uno y otro lado, yo diría que la edad media del resto de invitados está por debajo de los 30 años. Cualquiera de los que leen esto entenderá que la energía generada haya sido muy especial.
Pues atentos, que hay más.
Empieza la fiesta, Es para conocernos, en algún caso para reconocernos.
Por un lado están los brasileños, que, eso sí, son de muchos orígenes: Devlio, Italia, incluso ya tiene la doble nacionalidad; Eloise, España, pronto tendrá la doble nacionalidad; la mujer de Valdemir, Michi, que junto con hermana y madre, también en la boda, son de origen japonés…y se les nota; Valdemir es el padre de Laís.
Del resto de brasileños no conozco detalles pero apostaría a que hay brasileños de otros orígenes. Están Bianca hija de Devlio, y Lís, nieta, pizpireta y relista. Están las hermanas de Eloise: Elaine y Erlise (a los padres de las tres la letra e de principio y final les debía decir algo, habrá que averiguarlo). Sobrinos: Felipe, el paracaidista, que se nos presentó de gala y Nathalia, que vive con su pareja norteamericana, Sam, en Denver, también aquí con nosotros. En fin, un curiosito popurri. No vamos a indagar en las religiones de cada uno; tengo entendido que aquí en Brasil es habitual la mezcolanza imposible.
Los países recorridos por Antonio y Laís también han dejado huella. Del paso por Dinamarca, India, Luxemburgo y Bélgica tenemos: francés, Louis, emparejado con brasileña, Fernanda; italiano, Marco, con pareja italiana, Mónica; un indio con su india (lo siento, no recuerdo los nombres);hay también un australiano, emparejado con norteamericana de San Francisco; catalán, Marc, con otra española…en fin, un verdadero plato combinado. De la nueva vida en Texas todavía falta consolidar amistades, sé que hay unos portugueses que no pudieron venir.
Del colegio, de uno y otro lado, están las amigas de Laís, cuyos nombres no recuerdo; solo el de la niña pequeña de una de ellas, Victoria se llama. El resto, bien jovencitas, con una energía envidiable, la sonrisa puesta en todo momento. Del lado de Antonio los amigos del colegio, un grupo de ocho que ya casi se multiplica por dos, por aquello de las parejas. Juan, Marisol, Santi, Miguel, Paula, Rafa, Casta, Sergio, Jimena (argentina), Adrián, Lucía, etcétera. Yo recordaba algunos nombres, la cara que sí identifiqué claramente, fue la de Juan; Antonio y él eran niños de 8, 10, 12 años, yo casi también era un niño (digamos de 45), misterios de la memoria, me pareció reconocer su sonrisa. A Santi le recordaba bien; aunque ahora vive en Granada, es de Valladolid, como la mayoría, pero sus padres son de Aranda. Entre las nuevas las hay hasta gallegas, que es mucho decir.
Ahora imaginen los lectores una caipirinha a la que además de estos ingredientes (nacionalidad, idioma, profesión, origen, ciudad etc) añadimos un tanto de azúcar, un mucho de hielo y cachaça a discreción según la hora del día. Un regalo de la vida es lo que nos encontramos. Esto tuvimos, un regalo de la vida.
Por cierto, vengan a Brasil todos los que esto lean, y beban caipirinha, de todo tipo y a todas horas. Me lo agradecerán.
Aprendiendo a preparar caipirinha
Me he perdido, lo sé. Los aeropuertos dan para mucho, luego lo explico. Estábamos con la fiesta blanca. Buen rollo. Se puede sobreentender: empezamos a relacionarnos y aprendimos a preparar la caipirinha; luego jugamos. Celia hizo de maestra de juegos, se formaron grupos de diez, se hacía sonar el inicio de una canción y el grupo que la adivinase, premio. En fin, que nos reímos… Luego, en el mismo lugar, al aire libre, en el comedor del hotel ( no lo he dicho, frente al mar) la cena. Cómo no, amenizada por un cantante/guitarrista purito brasileiro. Una delicia.
| Anto y Laís. Presentando la velada |
| La verdadera estrella de la noche. Calma, ese no es el vestido de novia. |
Empezamos bien.
1 comentario:
Qué maravilla de fiesta blanca y cómo me gusta la mezcla de vidas y lugares.
Sois muy afortunados por compartir esos momentos.
Las fotos preciosas.
Publicar un comentario