Otras dos noches más en Río, lo que nos da la oportunidad de conocer mejor la ciudad y a sus gentes. Nos faltaba algún sitio notable por visitar como el Pão de Azucar pero esta vez va a ser que no. Lo de visitar una favela no me parece muy correcto, así que ni pensarlo.
Nos dejamos llevar. Esta tercera vez en Río hemos cambiado de barrio, seguimos en el centro pero nos hemos desplazado hacia el mar, zona nueva, de oficinas, ministerios etc.
Comemos en el hotel, salimos a continuación y nos encaminamos al Museo de Arte Moderno, a diez minutos; nada especial pero la gente que pulula alrededor aprendiendo a bailar (samba o lo que sea) nos saca la sonrisa.
Andamos hacia el mar y descubrimos una playa... resulta ser Flamengo. Esta es una playa local, de locales. Nada que ver con Copacabana o Ipanema; estas se llevan la fama y están junto a la carretera, Flamengo está rodeada por un parque del mismo nombre. Los chiringuitos de playa son de los auténticos (ver fotos) y la gente, esa sí que es diferente. Aquí se siente que realmente se está en otro país, alejado de restaurantes, tiendas... Y es curioso, nadie, ni siquiera la mal-llamada IA nos habló de Flamengo. Lo hemos descubierto, que es lo bueno.
Cuando empieza a oscurecer, recorrida la playa de lado a lado, nos vamos al propio barrio de Flamengo y nos encontramos una zona de gran actividad comercial y de disfrute. Una vez más nos dimos cuenta de que este es el Río que si no lo buscas no lo encuentras. Era viernes y la zona del hotel por la noche estaba casi vacía, encontramos un chiringuito para cenar y allí nos vimos rodeados de ejecutivillos tomando sus buenas pintas...igualito igualito que en la "city" de Londres.
| Qué maravilla de chiringuitos... Así todos. Y siempre a la vista el Päo, para qué subir... |
| Los carritos como el de la derecha son abundantes. |
| La city, los hombrecitos y sus pintas. |
El sábado decidimos ir al Jardim botánico, en otro barrio. Dedicamos la mañana a pasear entre plantas, especialmente Palmas, montones de variedades. Nos gustó el Orquideario; aunque todavía no había mucha orquídea florecida, las que vimos nos parecieron maravillosas. Todo ello un poco descuidado pero muy real. También había un jardín japonés; si vuelven los emisarios del Hiro Hito de turno ponen una bomba, estaba descuidado como nunca puede estarlo un jardín japonés; pero lo apreciamos. Una mañana en la que disfrutamos de otra manera, con otros seres vivos puro brasileños. Ahí van unas fotos.
Desde cualquier sitio, también desde el Jardim Botátino, el corcovado al fondo... cuando las nubes lo permiten | ||
El cambio de ambiente fue total. Nos fuimos a la plaza XV de noviembre donde había un mercado mal llamado de antigūedades. Había de todo, también cosas viejas. Ya habíamos visitado la zona cuando hicimos el "free tour" unos días atrás, pero el ambiente nos era nuevo. La calle del ouvidor (el que oye, algo así como el defensor del pueblo), la más antigua de Río, creo, llegó a tener más de 70 librerías, eso nos dijeron, cuesta creerlo. En los alrededores, eso lo certifico, hay más de 70 sitios en los que comer y beber...Y en uno de ellos nos paramos. Llovía, pero eso no importaba, aquí llueve y deja de llover y ni te enteras. Comimos en la calle, en un cruce de calles en cuyo centro se ubicaba un grupo musical que nos aturdió con sus canciones. Aquí no se sabe lo que es música de fondo, aquí la música es ruidosa, para mi gusto excesiva...pero la gente lo disfruta, se mueve al ritmo que le marcan. Y los que tocan y cantan se lo toman muy en serio. Espero que algo sí que se aprecie en la foto que aquí pego A los cuatro costados decenas de mesas. En una de ellas comimos nosotros.Esa tarde tocó descanso en el hotel, ya era hora. Luego, para tomar algo decidimos ir a otra de las zonas céntricas de marcha, Pedra da sal, en el barrio afro. La verdadera marcha sambera había sido el día anterior, el viernes, una pena. Pero nos resarcimos con una pizza en silla de playa...Y la música, cómo no, también a tope. El domingo volamos a Salvador, pero por la noche. Así que tuvimos todo el día para nosotros. Como en cualquier ciudad del mundo, a primera hora de la mañana las calles estaban vacías, ciudad fantasma. En Río esto choca especialmente, yo hubiera jurado que aquí el ritmo de día no paraba en ningún momento, pero no. Llovía pero esto no nos cambió nuestros planes. Queríamos coger el barco que te lleva a Niteroi, al otro lado de Río, y así lo hicimos. En Brasil los mayores de 60 años tienen el privilegio de la prioridad en casi todos los sitios (colas de facturación de aeropuertos incluidos...y acceso al avión). Y en este caso, además el transporte gratis, aún siendo extranjero. A Niteroi cruzamos para ver el Museo de Arte Contemporáneo. La lluvia fue por unos momentos tan intensa que a menos de 500 metros del museo tuvimos que coger un taxi. El museo no desilusionó...por fuera; la obra expuesta no vale mucho pero solo por la colosal obra de Niemeyer, el paseo mereció la pena. Las malas fotos (ojo, por el mal tiempo) lo dicen todo. Pena de día, el fondo es magnífico. De hecho hay un guiño importante entre el edificio y los cerros del fondo. Investíguese que yo no sé explicarlo, menos con estas fotos. De aquí nos fuimos al mercado de Gloria. En la guía Lonely Planet se dice que es el mercado de Río que no te puedes perder. Y no nos lo perdimos, lloviendo como llovía lo disfrutamos. Nuestro vuelo a Salvador salía a las 9. En el aeropuerto nos esperaba otro regalito, internet no funcionaba y por tanto ni facturación ni "check in" ni puñetas. Pensamos que nos dejarían en tierra, la cercana experiencia de São Paulo nos tenía marcados. Pero alma de cántaro, el mundo no se para por tan poca cosa. Pasado el susto y a las 23:00 estábamos en Salvador de Bahía, nos esperaba una encantadora habitación. En el avión, habitual en mí, no paré de hablar con mis vecinos, dos bahianos, Danilo y Ana, que venían de Rock&Río. Mil historias me contaron, alguna cosilla yo también les conté. Nota: ¿Por qué cariocas? Porque otra clavícula más y nos nacionalizan riojanerienses, o sea, cariocas. |
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