Esta vez el hotel estaba en el mismo Pelourinho. De nuevo un acierto. Tras el agotador día encontrar una habitación como la de la Casa de Amarelindo fue una bendición. A lo largo de mi vida he estado en cientos de hoteles. No recuerdo ninguno con camas de 3 metros...!de ancho! Veasé a Lolita derrotada. Y al amanecer nos dimos cuenta que nuestra terraza tenía vistas a la bahía de Salvador. Un regalo. Los dueños se habían portado muy bien con nosotros haciéndonos el cambio del 14 al 6 y sin ningún coste. Y eso que la reserva estaba a través de Booking.com. Maldito intermediario, lo bien que funciona para hacer las reservas y el infame servicio al cliente que te da si tienes un problema. Ya solo hay bots, chatbots, IA y spm. Que se lo digan a los vuelos que hemos perdido (Belo Horizonte a Belem y Fortaleza a Salvador).
Debo decir algo más del hotel: desayuno servido, como debe ser. Qué inmenso placer. Siento repetirme, lo escribiré siempre que me suceda, a modo de protesta.
| Tres metros, sábanas de más de cuatro metros por tres. |
| La terraza y la bahía. También piscina. |
El segundo acierto fue el volver a Salvador el día de la Fiesta Nacional de Brasil, siete de septiembre. Qué espectáculo de ciudad desde primera hora de la mañana.
Salvador nos había dejado buen sabor pero en solo media hora por la ciudad me quedé, nos quedamos, maravillados. Tres semanas atrás las calles vacías, hoy lo contrario, exactamente como debe ser en Brasil. Brasil es gente, son voces, es música. Decidimos pasar el día deambulando, reconociendo la parte alta de la ciudad en sus pequeños detalles. Viviendo la ciudad, haciéndola nuestra. Y lo conseguimos.
La Fiesta Nacional incluye el ensalzamiento de las fuerzas armadas del país. Ya desde primera hora miles de personas abarrotaban las aceras para ver pasar el desfile de todas las imaginables policías del estado. Policía militar, nacional, civil, penal, guardias de asalto, quitaminas, bomberos, de todo....Una muestra de cientos, quizás miles de vehículos llenos de funcionarios que saludaban a los espectadores cual Reyes Magos de Oriente; solo les faltaba lanzar caramelos. Tras dos horas de empujones decidimos abandonar espectáculo y seguir con el otro, la ciudad.
Por la tarde un rato de descanso en el hotel (y blogs, que en algún momento se escriben) y luego una vuelta por San Antonio, un zumo frente a la bahía y una cena ligera en a tres minutos de nuestro nuevo hotel.
Una anécdota. Ya de noche, en el centro de Salvador. Marco, un joven de los muchos que mendigan por las calles, se acerca y nos pide algo de comer. Que no quiere dinero, no ha comido en todo el día, que lo resolvemos con 15 reales en "aquel" puesto ambulante; donde conocen a Marco; el vendedor me pregunta que si queremos "el de 20, el de 25 o el de 30". Marco me dice que el de 20, yo le añado una cocacola. Me gustó el desarrollo pero más tarde no pude evitar el pensar que quizás había cierta picaresca en todo ello. Quién soy yo para criticarlo.
En nuestro último día en Brasil hemos aprovechdado para adentrarnos un poco en la cultura afro-brasileña. Hemos visitado el museo de la universidad y el del municipio; bien, visitas rápidas. También hemos ido a la Fundación Pierre Verger, fotógrafo del siglo XX de origen francés pero afincado casi toda su vida en Brasil. ByN muy interesante. La fundación penosa en su aspecto aunque se vea algo compensada por la calidad de la explicación que nos dan y por los supuestos fondos a los que no tenemos acceso (de hecho prácticamente no vemos sus fotografías). Lamentable. Me desquito comprándome dos libros de Jorge Amado, en portugués, claro.
Decidimos comer en Casa de Amarelindo y acertamos. No solo por lo acogedor del lugar, eso ya lo sabíamos, sino por la calidad del servicio y de la comida.
Cogemos el avión a las 22:45 así que aprovechamos bien el día. Nos da tiempo a dar un último largo paseo por la Rua Direita de Santo Antonio, más allá de Pelourinho, donde iniciamos nuestra andadura por este país hace ahora tres semanas. Se cierra el círculo.
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