viernes, 6 de marzo de 2026

Cantos, bailes, al agua y a volar


Ya hemos dicho adiós a Marloch y Kruger; y volado a Ciudad del Cabo.

Anteayer hicimos una excursión que en principio no nos hacía mucha ilusión: visita a una aldea 
Suazi. Nos temíamos turistada. Y así fue. 
Pero-pero la cosa acabó bien. La actividad incluía un espectáculo de cante y baile suazilandeses (supongo que se puede decir así) de mucha calidad, además de ser generoso en duración, unos 45 minutos. 
No cruzamos a Suazilandia (tierra de suazis),la aldea está en la frontera; el país está en medio de Sudáfrica y hoy se llama Esuatini (menos "british", más "auténtico"). El cambio lo ha promovido, no hace nucho, el dictador y rey actual;al parecer no es del gusto de muchos de sus habitantes, supongo que si no te gusta el rey tampoco lo que promueve.
En unos días tenemos previsto entrar a Suazilandia, ya lo contaremos... si no nos censuran por lo que decimos.

Pueblo Swazi, bailando



Pueblo Swazi, tocando



Pueblo Swazi, cantando


Las fotos no reflejan el buen espectáculo que vimos, así que ahí van unos enlaces para disfrute de los lectores. A los  muy frikis seguro que Javi les puede enseñar, a la vuelta, algún vídeo en el que se aprecia una mayor interacción entre el público y lis artistas; a mi  pesar. 







Esa tarde nos regalaron el paseo en barco que no pudimos hacer cuando estaba previsto y que sustituímos por el rodaje de una película de miedo. Solo nueve viajeros, casi todos de la nueva hornada, nosotros ya éramos veteranos... hasta habíamos visto al león...😂

Las fotos dicen lo que hay que decir. En las casi dos horas de "crucero" ( así me lo llaman: "cruise") tuvimos la oportunidad de practicar nuestro idioma con un suizo (no confundir con suazi) que a los 18 años pasó uno en Salamanca para aprender nuestro idioma.  Viene por aquí con el hermano y la madre, quien cumplía años. 6 de marzo, San Olegario. El amigo dio muchas vueltas por España pero nunca fue a Burgos; no se lo perdonamos.

El capitán de la nave




Buscando cocodrilos. Nos hemos tenido que conformar con un muy agradable paseo.


Nos despedimos del Kruger. Ha sido una buena semana. 
No he contado los diferentes safaris que hemos hecho pero sépase que los ha habido de todo tipo: calurosos, con viento, con frío, con arena como de desierto, con 42 grados, de madrugada, al atardecer, cabreados (como aquellas largas 4 horas nada más que el inmenso y magnífico Kruger, ni un puto bicho); y también emocionantes (ese mismo día de las 4 horas acabó con los mejores avistamientos, empezaba a oscurecer).
Solo saco una pega a estos días: la cantidad de horas que hemos pasado sentados; si los teléfoninos midiesen horas de silla, igual que miden lo que ándamos, habrían saltado todas las alarmas. Los dos estamos loquitos por llegar a un sitio y "hacernos un Forrest Gump".

Nota: hay también un safari nocturno que nosotros no hemos hecho. Y me alegro, me parece de un invasivo inaceptable (viajeros bien alimentados con linternitas, haciendo fotos sin parar y jodiendo a los animales; no le veo sentido).

Ahí van dos últimas fotos de alguna de las zonas comunes del hotel. Empezamos a sentir nostalgia.
No pongo foto de la piscina porque no cabe...

Javi informándose del  menú de cena



Seguimos. Para los que se quejan de que últimamente se escribía poco y desordenadamente. 

Pues eso, que ahora ya empieza nuestro recorrido por el país. Antes de salir habíamos barajado varias opciones pero hicimos bien en no decidir nada. De hecho  nunca pensamos en empezar como hemos empezado. Teníamos contratado el viaje de vuelta a Johanesburgo (6 horas con madrugón y larga espera en el aeropuerto)para  allí coger un avión; la alternativa era empezar el recorrido en coche por el norte en coche desde el Kruger. Lo que hemos hecho es viajar a Ciudad del Cabo desde un aeropuerto pequeño situado a solo hora y media, en Nelspruit, y al que el hotel se brindó a llevarnos "a nuestra conveniencia". Y sin coste. Y con una sonrisa. 😀  Cómo no hablar bien de esta gente y de este hotel. 

A nuestro chófer, Mamba, ya lo conocíamos, pero como hoy íbamos solos con él en un coche, pues hemos intimado y nos ha contado mil cosas de Sudáfrica y de Suazilandia (de donde es y donde vive su madre y su hija de ocho años) que irán saliendo en próximos capítulos, cuando se vayan sedimentando. 
Por ahora solo diré que Mamba, siempre de buen talante, con una sonrisa que rápidamente se convierte en risa, y con claras ganas de vivir, nos transmitió, permítaseme el mal chiste, negrura, como la de  su piel.

El aeropuerto de Nelspruit, pequeño, puro estilo africano, solo se puede definir de una manera: encantador. Por cierto, que por aquí también se están cambiando los nombres. Adiós holandeses, adiós británicos, queremos nuestro idioma y nuestras cosas.
Nelspruit es ahora Mbombela; dónde vas a parar, la frialdad del uno y y la sonoridad del otro.


! A volar¡ 


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