lunes, 24 de febrero de 2025

14. Punta del Diablo

El nombrecito llama la atención, así que aquí estoy. Cerca de la frontera con Brasil en el Atlántico, cerca de Chuy. Un poco más arriba, pasado el lago Merín, Pelotas, ciudad a la que canté de joven (alguno quizás se acuerde: “en pelotas yo nací, en pelotas moriré etcétera “. Seguro que de lo que sí se acuerda  es de Pernambuco, también en Brasil, ésta más al norte). Luego, antes de Porto Alegre, viene otro lago, que, a pesar de su tamaño, los brasileños le dicen Laguna de los Patos. Y en un pispás estamos en São Paulo y en Río. En el mapa vemos un poco de Perú (Arequipa), Bolivia, Paraguay, Chile, Argentina, Brasil y Uruguay; el puntito azul se llama JC.




Punta del Diablo es una ciudad “hippie”, como uno imagina la Ibiza de los 60. Lo notas nada más bajar del autobús por todos los jóvenes mochileros medio tirados.  Además, toda guía que se precie dice que éste es uno de los lugares  que hay que visitar.  Lo que no dicen son todas las razones. Me explico. 


A la salida de la terminal hay una carretera bastante aparente que es por donde el celular dice que hay que ir. Empiezas a andar, coche va coche viene, puestos variados a los lados, de vez en cuando una casa baja (“no hay lugar”, avisa) y desolación. Me faltan casi 2 kms de carretera para llegar a “la zona cero” y recuerdo que también estoy aquí porque a un seguidor comprometido se le ocurrió informarme de que aquí “había casas de diseño arquitectónico curioso “. Desde luego, no al lado de la carretera, eso está claro. Así que sigo mi criterio de “en una bifurcación coger el camino contrario al que te dice el sentido común” y me adentro por un laberinto de calles sin asfaltar en las que de repente veo una casa que me dice algo y la fotografío; con poca convicción porque no veo sino un algo de atrevimiento, un mucho de colorines y bastante de cochambre. Pero algo debe de haber si ese sabelotodo seguidor lo ha dicho. Escéptico pero confiado sigo sacando fotografías hasta que llego a la playa de las viudas. Me hacen una foto (cómo no, parejita con hijo en Alicante en el sector de la gastronomía, cómo no).



Al fondo, playa de las viudas, quien sabe el porqué


El sol aprieta y yo, con mi característica insensatez para estas cosas, decido adentrarme por donde nadie lo haría, mucho menos con este bochorno y justo a mediodía. Pero merece la pena. Aunque no es verdad que “una imagen vale más que mil palabras” (y mucho menos si la imagen la he tomado yo), ahí va, un album fotográfico: entrada 15, Punta del Diablo 2. Juzgue el lector.


El lugar es único. Me sorprende que nadie diga algo de la arquitectura; ni las guías, ni la información en web, ni siquiera el amigo S, el que me habló de La Paloma y que me dio buenas ideas para continuar mi viaje, él mismo habló del tipismo del lugar (Ibiza años 60) pero nada más. Así que todo se lo debo a mi soplón; sin su comentario yo nunca habría reparado en el encanto arquitectónico de la ciudad (porque además hay que buscarlo). Sin la confidencia, mi paso por Punta del Diablo habría sido, como en tantas ocasiones, como el de una maleta (mi padre dixit).


Un inciso para hablar del viaje, de las vistas desde el autobús (como siempre, un buen autobús). Los más de cien kilómetros que me separan de La Paloma vistos desde mi asiento no son sino verdes inmensas llanuras con solo árboles salteados por la mañana y bien surtidos de ganado (principalmente vacas) por la tarde. No he podido preguntarlas el porqué, imagino que por el calor. Es un gran desierto, pero en verde y con bichitos; todo Uruguay es así. Al final de este artículo adjunto unas cuantas fotos que dan idea de lo que digo (o se lo imaginan).




Sigamos con el diablo. No han parado aquí las sorpresas. Quizá en los 60 se podía encontrar una librería en Ibiza al lado del típico puestecillo jipi, no lo sé. Hoy en día, en una ciudad playera española de cien o doscientos mil habitantes es prácticamente imposible, sé lo que digo.  Y ni en diez poblaciones seguidas, sea en el este mediterráneo sea en el sur. Y mucho menos quitando el puesto a una tienda de zapatillas, de fundas de móviles o a un chiringuito de rabas al lado del mar (dejemos la posibilidad de que haya un algo en la plaza del pueblo). Pues bien, milagro milagro, ahí va entre las fotos de Punta del Diablo una muy culta. 











Librería a las 23:00

Esto me recuerda que en La Paloma, cuando llegué, mochila al hombro camino del hotel, creí alucinar cuando entre heladería y tienda de gorras, había, tachán tachán, una librería como dios manda. No contento con ello, la librera me dice que cerca hay otra. Allí fui ayer noche (sí, a las 11, cierran tarde, había gente, y comprando, comprando de veras). Ethy nació es Israel y es, en palabras suyas,  una judía atea. Hace como 15 o 20 años que llegado diciembre abre el local y a primeros de marzo lo vacía. Increíble. Me dijo que se pensaría la idea de abrir un puesto (franquicia?) en la costa española. No sabe lo que dice. 

Ethy, primer uruguayo con quien me cruzo que ni es hijo ni nieto ni bisnieto de españoles ni tiene apellidos italianos ni primos en Sicilia. 

Atea tenía que ser.     


Antes de despedirme ahí queda un enlace que una de mis seguidoras más activas (con la ayuda de otra seguidora en la sombra) me ha enviado. Es sobre las diferencias entre tango,  milonga y vals.    Tango, milonga o vals


























sábado, 22 de febrero de 2025

13. La Paloma, el Atlántico


 Estábamos en el autobús. Un autobús enorme, magnífico, con solo tres filas de asientos en el piso de abajo, en el que yo iba.  Toda la noche viajando. A las 7 de la mañana en Maldonado. Inquieto porque el primer autobús hacia La Paloma llo hacía cuatro horas después. Qué horror, tras una noche de sillón ahora una espera terminal. Mirando y preguntando dscubrí que había una opción rápida haciendo etapa en San Carlos. Así que a  las 11:00 a la puerta de mi hotel, dejé mochila y a explorar la ciudad. A pesar del horrible calor. 

La Paloma tiene 8.000  habitantes en invierno. En verano multiplica por cuatro. Ahora es final de temporada y está relativamente tranquilo (los hoteles llenos, eso sí). Para un español, que conoce y padece el turimos masivo, el concepto de ciudad de verano tranquila es difícil de asimilar. Fijaos en alguna de las fotos que añado y veréis que aquí no hay edificios altos, mucho menos a las orillas de la playa. Cerca de la playa hay algún chiringuito (no de "tomar") y verde. Ni hoteles, ni pequeños ni grandes. Qué cojones hemos hecho en España.  Punta del Este es tenido como uno de los destinos glamurosos de sudamérica (nada imagino comparado con Cancún); no lo conozco, lo imagino como cualquier ciudad de costa española, lo cierto es que a solo cien kilómetros tenemos pueblos y playas normales, como podían serlo los de Galicia y Asturias y algunas zonas del Mediterráneo español hace 40 años; y digo algunas zonas, porque ya entonces Benidorm era Benidorm y Torremolinos Torremolinos. Pronto empezamos.




Decido comer mirando al mar, mejor dicho al océano, porque aquí acaba el Río de la Plata y empieza el océano Atlántico. No soy quuien para discutirlo; sí es verdad que el agua está más brava (a pocos kilómetros, La Aguada, es un buen sitio de surf) y supongo que salada (todavía no la he probado). Me da vergüenza escribirlo: he pedido para comer Paella.... de apellido valenciana, manda narices; el caso es que no estaba mal del todo.

El mar tiene algo que, al menos a mí, pone de buen talante; eso sí, la siesta se hace más imprescindible, sobre todo tras un día (una noche) como el que llevo.  

Por la noche fuí a una sesión de tangos muy curiosa. Se podía participar pero yo decidí ser solo espectador.  Las explicaciones de las profesoras me sorprendieron, el tango como puro diálogo en el que las partes cambian los roles y deciden cómo avanzar a medida que el baile avanza. Creo recordar que Boerges (al que no imagino bailando tangos) era un gran defensor de los valores del tango... tanto como de la décima (para los que vieron a Drexler).


La clase de tango


Como ya he dicho, en Montevideo pienso ir a una escuela de Tango, a ver si mejoro mi conocimiento. A este propósito recuerdo la película de Saura, "Tango", Saura siempre tan musical. Inolvidable "Fados" (y alguna otra).

Aparte de bucear (me da pena pero no creo que lo haga) hay muchas otras cosas que se pueden hacer por aquí. Esta mañana me he ido de visita a la Laguna de la Rocha, un humedal (tipo albufera pero sin una puñetera sombra), también reserva de la Biosfera, y he estado avistando aves (flamencos, garzas de mil nombres, gaviotas y gaviotines de otros tantos, ostreros, salteadores y mil más). He disfrutado, también  por las explicaciones del técnico que guiaba el avistamiento. Ahí va alguna foto. Advierto: el que va de negro era  también visitante; Dios mío, con esos ropajes y la calor que pegaba (en qué estará pensando ese Dios). No me resisto e inserto varias fotos del "ave de negro".




Laguna de Rocha. Que como muchas otras por aquí se abre al mar todos los años.











Playa de La Pedrera, a 10 kms de La Paloma. Ni un hotel, ni una casa que desentone.


Indiana Jones y su ayudante, experto en aves







12. Cerrado por descanso semanal

 También Jorge Drexler es uruguayo y alguien me ha dicho que había un interesante "TED talk" donde Drexler explicaba cosas sobre tango y milonga... Quien me lo contó  participaba como yo en una especie de clases de tango, aqui, en La Paloma, ya hablaremos de ello.  Después del tango milongueaban, yo me he retirado. 

He visto la charla, es entretenida. A ver si conseguimos entender las diferencias entre tango, milonga y vals.

Ahí va

Jorge Drexler. Décima y milonga

viernes, 21 de febrero de 2025

11. Salto

 Parece que al final sí que voy a picar de carnaval. Me acaban de enviar entrada para el martes 25, en Montevideo  (cambio de la que perdí por lluvia). También tengo localizado un local de tangos, he hablado con ellos y solo hay baile, pero todo de andará; a ver si encuentro algo de cante para lunes o martes.

Son las 10 de la noche, en una hora cojo un autobús que me lleva a la otra punta, a Maldonado (Punta del Este para los profanos).  Supongo que la temperatura no mejorará (hoy he tenido un día infernal de calor) pero al menos tendré el mar; bueno, el río, pero es vaya río: cuando se junta al Atlántico tiene una anchura de 219 kms, casi ná. Una seguidora fiel me dijo que buscase el café por otros lares, cerca del mar, y eso he hecho. He reservado hotel en un pueblo, La Paloma, que me aconsejó el amigo S (el de Tacuarembó), me dijo que allí queda algo de puro Uruguay. Veremos.


Y hablando de puro y no puro, ayer empecé a ver la película  sobre la que una seguidora hizo un comentario hace unos días, La estrella azul, y reparé en algo obvio y que de alguna manera apuntaba en la entrada de ayer: por aquí no se ven indígenas. Es el primer país de Iberoamérica en el que  me ha sucedido (he leído que lo mismo pasa en Costa Rica). Parece que una gran mayoría son de origen europeo, el poco mestizaje que se haya podido producir se ha diluido. Y es en todos los sitios que he visitado no he apreciado signos de indigenismo. No era consciente, creí que me sucedería como en Argentina donde una cosa es Buenos Aires (el París americano dicen…dicen ellos) y los otros argentinos son otros… (así se ve en La estrella azul; y se dice). En carretera tengo previsto ver el resto de la película, a ver si descubro algo nuevo.


Siento de veras no tener contacto en este viaje con esa otra parte de habitantes iberoamericanos que son el contrapeso “de los que vinimos” desde el otro lado del océano y que le da una riqueza sin igual a todo este continente. Esperemos que algún día sean más dueños de su destino que lo que son hoy porque el poder, también por aquí, sigue siendo blanquito.


De un salto en Argentina



No me voy a extender más, que ha sido un día cansino, el sol mata y la falta de actividad mata más. Solo comentaré un sucedido. En Tacuarembó nos acercamos a Gardel pero se me olvidó hablar de la colección de vinilos que junto a un gramófono el apodado E tenía en la recepción del hotel. Más de 500, me dijo su amigo S; y le habían costado 20000 dólares; la persona que se lo vendió hoy  tiene 94 años, quería que esos objetos no se fuesen con él (y los dóloras). Al menos una vez al año hay una celebración de tangos en el hotel y alguno de esos discos suena en el gramófono. No hay foto. lo llevo en mi cabeza.


Pues bien, E me habló de un hotel en Salto al que merecía la pena ir, bien entendido que era un poco (pocomucho) viejo y otro poco (pocomucho) cutre (no fue esta la palabra pero queda que ni pintada). Que al alojarme podría ver una habitación en la que estuvo Gardel y que han convertido en museo. No me atreví con la reserva, voy de mochilero pero  pijo, tengo un punto. Es el Gran Hotel Concordia, por nombre que no quede. Justo a cincuenta metros de mi hotel (Eldorado, que no sea por nombres), se encuentra el del museo y al pasar por la puerta me he reafirmado en mi decisión. Como en la oficina de turismo me han dicho que el museo se podía visitar sin problemas, he vuelto una y otra vez al hotel (siempre estaba cerrado; adjunto foto del cartel indicador, mirad con atención: en el timbre hay un cartelito de no funciona) hasta que a media tarde, por pura casualidad salía un cliente y me ha animado a entrar; es otro mundo al margen de la calle, me ha dicho. Y era verdad, ahí van unas fotos de los patios del hotel, decadente donde los haya pero magníficos. Ha merecido la pena. El museo habrá que dejarlo para otra ocasión, estaba cerrado, Gardel a la puerta lo custodiaba.




Atentos al timbre
Un patio precioso. Pena de fotógrafo





jueves, 20 de febrero de 2025

10. Occidente

 Acabo de cenar en una trattoria, muchos uruguayos quieren la ciudadanía italiana, ya son varios los que me han dicho orgullosos que tienen apellidos italianos, estoy leyendo una novela que transcurre en Venecia y entre mis contados seguidores hay italianos. Empiezo a estar celoso. Lo mismo que cuando, al repasar la historia de Uruguay,  observas que esto ha sido un continuo ir y venir de portugueses y españoles. 

Y es que Uruguay es un país muy joven. He preguntado a uno de mis conocidos de hoy (la arquitecta) qué había en Paysandú en el siglo XV. Nada, lo mismo que en el XVI y en el XVII, me ha contestado. Bajaban de más arriba los guaraníes, se pegaban con los charrúas, iban de aquí para allá y su legado más notable quizás sean las lenguas (En Paraguay español y guaraní son idiomas cooficiales). Pero ciudades, donde hoy hay ciudades, entonces no había nada (quizás vacas). Así que cuando comparas países como Uruguay (o Argentin, Brasil, Paraguay etc) con aquellos en los que estuvieron los pueblos maya, inca o azteca es como cuando comparamos Estados Unidos con Europa; no hay color en lo que al legado histórico se refiere.


En el centro de Paysandú


Como ayer anticipé me he desplazado al occidente. Aquí las ciudades son de verdad, pequeñas pero de verdad. Y eso que estamos en temporada baja (es verano y la gente se va a la costa). Paysandú y Salto son conocidas por sus termas, quizás mejor para invierno. Con 35º como hemos tenido hoy, agua calentita la justa, mate incluido (con el café no hay riesgo). Las dos son ciudades modernas, muy extensas, de casas bajas y poco pobladas (menos de 100.000 habitantes). Su riqueza, la ganadería, vacuno y ovino. Me contaba uno de mis conocidos de hoy (digamos Jorge, profesor de historia con el que no he parado de hablar en el viaje entre las dos ciudades) que un estanciero (propietarios de estancias, lease finca de varias hectáreas, hectáreas hay a patadas) medio no baja de diez o quince mil cabezas; y otras tantas ovejas (y ahora también caballos para el consumo; se acabaron los gauchos). 

Sabía mucho de la economía del lugar este profesor, nacido en Artigas y por tanto practicante del portuñol. Por cierto que sus apreciaciones sobre este dialecto coinciden con las del amigo D, el de la óptica de Rivera.


Salto. El río algo alejado de la ciudad 
La otra persona con la que también he aprendido mucho sobre el país (aunque hablando todo el tiempo de mesa a mesa en el restaurante en el que los dos comíamos) era una arquitecta del lugar (Paysandú) y que tenía un enorme conocimiento de España. Su abuelo era de Vitoria (ha dicho Condado de Treviño y no me ha aceptado la corrección de que eso es Burgos; no le falta razón). Hablaba de pueblos y ciudades de España con conocimiento y pasión. Lo contrario de una "pichipollis" que me ha ilustrado (una forma de hablar) sobre el cementerio de Paysandú (Monumento a la Perpetuidad le dicen) y que al decirme que conocía España (Madrid y Barcelona) me hacía unos comentarios inverosímiles sobre el país; algo por cierto bastante habitual, son muchos los turistas que en quince días visitan "toda Europa".  No era el caso de la arquitecta cuyo nombre no sé.


Esta desconocida me ha hecho unos comentarios muy interesantes, por diferentes, sobre Uruguay y sus gentes. Dice que hay mucho triste, mucho deprimido...mucho suicidio en Uruguay; ha llegado a decir que es número 1 en el mundo, no sé, da igual la posición. Cómo puede, decía, ser que una persona "sana" se pase los últimos 20 años de su vida en cama; hablaba de Onetti. También le parece patológico el  estilo, si así se puede decir, de escritores como Benedetti y Galeano. Malos ejemplos para el mundo, malos representantes de Uruguay, venía a decir. No me aguanté, le he preguntado por Mujica; y se ha venido arriba: otro triste, que dejó el país hecho unos zorros, que gastó fortunas para proyectar su imagen en Europa (lo de la imagen es verdad, lo de la fortuna no lo sé). En fin, que viva el optimismo.  Era una mujer culta, con criterio, no se puede uno desentender de lo que me ha dicho.





En Salto me han hecho unas bonitas fotos junto al río Uruguay; de muestra un botón. Es una ciudad bonita, muy habitable. También lo es Paysandú. No es extraño que la gente vuelva: la arquitecta que sueña con España, el taxista Javier que pasó años en Montevideo y desistió, el joven profesor de historia al que los cantos de emigración le parecen de sirena... 








Mañana más y mejor.



Anochece en Salto






miércoles, 19 de febrero de 2025

9. Portuñol

He pasado media mañana en Brasil. No me atraen estos lugares fronterizos cuya razón de ser es la venta de toallas, mantelerías y de todo un poco. Lo que me atraía para venir aquí era el portuñol; se habla en Rivera y en Artigas principalmente; en la frontera entre España y Portugal al parecer también se habla portuñol, no sé cómo de parecidos son los dos. 

He cogido pronto un autobús y en hora y media ya estaba en Rivera, ansioso por escuchar el idioma (incluso grabarlo) y finalmente triste por mi ineptitud. He querido grabar en la calle, en un supermercado, en una tienda pequeña…. imposible.  Quería enviarle una muestra a mi seguidora brasileña pero se ha tenido que conformar con un mal video acompañado de incitaciones a la envidia: yo estaba pisando suelo brasileño y además estaba a escasamente 1600 kms. de Sao Paolo, su casa... 

La comida la pago en reales, solo en esto se aprecia el cambio de país.

Son dos ciudades pegadas:  Rivera (Uruguay) y Santana do Livramento (Brasil). En torno a 80.000 personas cada una. No hay frontera. Un gran parque/plaza de la Independencia divide las ciudades, a un lado Brasil, al otro  Uruguay. No he visto nada igual.


Antes de patearme la comercial ciudad, que como imaginaba carece de interés, he dejado la mochila/maleta en una óptica (sí, sí, en una óptica) para poder moverme cómodamente. Esto me recuerda a que casi mejor volvemos a ayer noche, cuando acababa de escribir mi última entrada en el blog. Eran las 21:30.

 

Cené en el hotel y me puse a leer en el vestíbulo con sin confianza en que el amigo S se presentase como me había anticipado por la mañana. 

S es un buen amigo de E, está jubilado pero le ayuda, dos días por semana, a gestionar sus negocios, hoteles y otros “entretenimientos”.  Pero hablemos primero de E. 

E es un empresario nato, no para. Tiene pasión por coleccionar objetos de todo tipo. También la tiene por reconstruir “objetos inútiles”, concretaré: ha reconstruido más de 20 Ford T; sí, esos coches de hace más de un siglo que hemos visto en mil películas. Él dice que esta obsesión se debe a un trauma que tuvo de pequeño: en su casa se destruía y  él decidió dedicar sus esfuerzos a reconstruir. 

Es en el hotel en el que me he alojado (ver fotos de ayer) en el  que se dedica todo un pabellón para enseñar a los huéspedes los 22 Ford T que ha logrado reunir; en su mayor parte eran pura chatarra y consiguió que incluso cinco de ellos funcionasen. Hay hasta un Ford T fúnebre y un Ford T tipo bus precioso (pronto lo va a poner a dar paseos a los clientes). En el museo hay otros mil cachivaches adquiridos yo diría que de manera compulsiva; no hay criterio, solo el “me apetece”: un carrito de niño de hace cien años, herramientas de todo tipo para hacer zapatos a mano, con su muestra de zapatos, una garita de atención al cliente de una oficina pública de tiempos de maricastaña, una máquina de tren (que en breve te recibirá al entrar al hotel), la reproducción de una  farmacia de, yo diría,  principios del siglo pasado (todo con materiales originales) etcétera. Como se ve solo hay algo en común: el capricho.



Ford T



Volvemos con S que es quien me enseñó el museo y me dio todo tipo de explicaciones. Luego nos sentamos a tomar un café (qué remedio) y no paramos de hablar hasta las 12:30. Es un hombre que ha estado  muy implicado en temas políticos, trabajando en ONGs y más tarde como funcionario público, siempre cerca de la Izquierda. El ejemplo de uruguayo intelectual y progresista que algunos tenemos en nuestra mente. Lo cierto es que aprendí mucho, sobre el país, su historia y sus gentes; además me divertí. 


Esta mañana a las 7:15  S apareció cuando yo acababa de desayunar. Como ahora vive en Rivera (temporalmente porque piensa volverse a la costa, a Maldonado), le he preguntado dónde podía dejar la mochila mientras reconocía el lugar. Y así llegamos a la óptica que mencionaba más arriba. 


Pero no salimos de la óptica. Porque después de comer en Brasil me he acercado a por mis pertenencias y, como tenía tiempo y no me gusta hablar, me he hecho invitar a un café (de sobre) por quienes atendían en la tienda, D y K y, así, sin darnos cuenta, una hora de cháchara; si algún cliente tuvo tentaciones de entrar, bien seguro que las venció rápidamente, los tres estábamos muy ocupados arreglando el mundo.  

D es un hombre al que le gusta moverse; y se ha movido. Habla correctamente portugués porque vivió en Brasil; también ha vivido en Estados Unidos. Pero al menos no me ha hablado de querer emigrar, aunque sí hemos hablado y mucho de emigrantes y de mezclas de pueblos y lenguas. 

Y yo a lo mío, al portuñol.  Tenía una duda: si este “dialecto” (así lo clasifican los lingüistas) era de uruguayos que tiñen su español de portugués o de brasileños que hacen lo opuesto. Hoy en día más parece lo primero (no quiere decir que siempre haya sido así); un argumento que convence, dice D,  es el observar que la mayoría de los uruguayos fronterizos hablan portugués y son muchos menos los brasileños que hablan español. Pensemos que hoy Brasil es un “gran país”, hace unos años no era lo mismo. La historia va y vuelve. 

Lo que sigue admirándome es que el portuñol de España/Portugal sea el mismo; el amigo D así lo confirma.

Y para acabar, un sucedido que ha contado D cuando hablábamos de emigración, libertad de movimientos etc y que  tiene mucha miga. Yendo él, D, en coche con un amigo de Rivera hacia Cerro Largo (sudeste del país) les paró la policía; dónde va, les preguntan; el amigo, guasón, contesta: a Salto (noroeste del país). Pero eso es en sentido contrario le contestó el policía. Bueno, verá, sí, dijo el amigo, pero cada uno va por donde quiere. El policía les mandó seguir. Y siguieron, riendo y riendo.


Si alguno se ha quedado con ganas (no creo) ahí tiene dos enlaces. Uno de ellos es el documental  "Vozes das margens" en el que se oye hablar en portuñol;  quien hable portugués o el que lo esté aprendiendo aprecie las diferencias y ya me contará.


Entrevista sobre portuñol



Documental "Vozes das margens"



De frontera a frontera. El autobús llega a mi siguiente destino, Paysandú; el río Uruguay separa a esta ciudad de una argentina, Colón.