lunes, 11 de febrero de 2019

En el coche y en la casa. Música


Al paraíso

El día se alargó, estuvimos escuchando cueca brava. Los colegas de Luchito se reúnen  todos los miércoles en el único local que les aceptó y le dan y le dan. También bailan, yo porque no quise.  Y luego de cháchara hasta casi las dos de la mañana.  El jueves Mencho se regaló el día, Inés también se lo tomó libre, de lo que más me alegre debo decir, le hacía verdadera ilusión romper con las obligaciones diarias. La abuela quedaba al cuidado de la cuñada. Así que la familia y el intruso nos fuimos en el colectivo rumbo al mar.

Decidimos ir arriba de Valparaíso para ir bajando en busca de nuestro destino final, una ciudad de la que solo había oido buenas cosas y que no podía dejar de visitar.  Paramos cerca de Los Andes, en San Felipe, aquí trabaja Gisselle y salió a saludarnos, tan encantadora o más si cabe que al teléfono. Una pena no haber podido coincidir más veces en estos días.

Luego camino de la costa, Putaendo, La Calera, Pulalli, amenizados con las músicas de Luchito y alguna ranchera que se echa Mencho, llegamos a unos pueblos turísticos pero con sabor; ahí están las fotos con los pescadores que lo certifican. Estas imágenes son cada día más difíciles de ver, vayas donde vayas. Papudo, Maintencillo y a comer a Concón. Todo el camino es un disfrutar Pacífico. Aquí la temperatura no es alta, dicen que el agua está más fresquita que la del Cantábrico, no lo pruebo. En Corcón comemos, pruebo otro marisco, la jaiba, rica. Y otro pescado, la reineta, también rica aunque Inés reconoce “que las ha tomado mejores”. Ella y Luchito se toman la consabida Paila. 







Después de comer a Valparaiso (Viña del Mar no atrae). Valpo le dicen también, es como que le hiciesen bajar del cielo.Tenemos poco tiempo así que nos centramos en el puerto y en visitar uno de los  cerros al que se sube en funicular, si bien nosotros lo hacemos andando. Hay varios cerros en la ciudad, todos interesantes, todos coloristas, todos con historias que contar. Cerro Concepción, Cerro Cárcel, Bellavista, Panteón, Barón. En Valparaiso no puedo por menos que reirme cuando veo a Inés y Mencho preocupados porque no me pierda.  Hemos dejado trabajo para un próximo viaje. Me creo que Valparaíso requiere los días de visita que no necesita Santiago. 




Llegamos cansados a casa, nos cenamos unas empanadas y la riquisima carne asada; y yo me como una palta de verdad, nada de congelador, directa del árbol. Salimos a la terraza a tomar el último trago y rápidamente Luchito trae el violín, luego la guitarra, luego el cajón y padre e hijo se echan unas rancheras, unos boleros, canciones de La Violeta…..y todos nos echamos unas risas. 

Un día completo, el sueño de cualquier viajero en país extraño, pasarlo con la gente del lugar. ¿No es acaso por esto por lo que viajamos?















sábado, 9 de febrero de 2019

En Los Andes. En familia.

Todo viaje es también un viaje al interior. Al menos para mí. Más cuando se viaja solo.

Todo viaje tiene algo de huida. Mucho más cuando se viaja solo. 

En este viaje la huida está más presente que en otros, me refiero ahora a la  huida geográfica; el destino no está de mi parte para hacer lo que yo quería hacer. 

Así, en lugar de adentrarme en el interior huyo hacia el sur. Las noticias (malditas noticias) son cada vez más alarmantes. Son solo 30 mililitros por metro cuadrado (una miseria),dicen; en Calama la gente ha tenido que salir como ha podido de un hospital casi nuevo. Yo no quise ni llegar a Calama, olía a mojado.

Ya dijo mi madre que hizo bien en no venir conmigo a este viaje aunque yo la insistiese mucho para que me acompañase (vease aquí un emoticono burlón).

El destino es sabio y lo que sucede es lo que tenía que suceder. Exactamente. Ni un centímetro arriba ni un minuto después. Destino manda y ahora me dirijo a Santiago, para desde allí acercarme a Los Andes, el pueblo en el que nació mi tía en el que aún tiene familia y que ya desde ayer empezó a ser familia mía. Mencho (Santos Nemencio), Inés (del Carmen), Luchito (Luis Miguel), Gisselle (mi agente de viajes) y Deidamia (“la abuela pocha”). No coincido con Felipe, el hijo mayor.

Los Andes está a hora y pico de Santiago, al norte, o sea, al ladito. Es el valle del Aconcagua. Sí, sí, el mismo, el pico más alto de los Andes. La casa de Mencho está a ocho kilómetros del pueblo, en la carretera que conduce a la frontera argentina, frontera que está a unos cincuenta kilómetros, carretera que te lleva en escasas cuatro horas a la ciudad de Mendoza, eso sí, tras escalar unas montañitas curiosas. 

Hectárea y media de humilde finca pero con cientos de nogales y decenas de paltos (el árbol de la palta, el aguacate para los menos viajados). Tiene también, aunque en menor medida, perales, membrillos, olivos, duraznos (melocotoneros para nosotros), limoneros, y hasta un naranjo, un pomelo y una higuera. Y paseando por la que es su casa, montones de gallinas !No mentía cuando dije que amanecí con el canto del gallo!

Pero lo que más me sorprendió es que también había flores. Como si no fuese suficiente con el tiempo y esfuerzo que hay que dedicar al cuidado de tanto árbol, me quedé atónito observando a Inés regar amorosamente las plantas por la mañana antes de salir de excursión.

La abuela pocha y Luchito
Le dicen pocha porque es chaparrita, dicen que así  llamaba mi tía a su tía pocha. Como si mi tía fuese una torre. Tiene 91 años pero la cabeza en su sitio. Se le nota emocionada pero lo guarda paras sus adentros. No se le escapa detalle, solo interviene lo justo. Le fallan las piernas y hay que estar siempre cerca de ella. Todos colaboran.También Luchito (no me que me digan Luis Miguel; me gusta Luchito). No se me olvidará, le digo, conozco un Lucho famoso, Lucho Gatica, y una canción, Reloj, inolvidable. Luchito tiene 24 años, estudia el último año de ingeniería metalúrgica en la Universidad de Santiago. Pero lo que de verdad le gusta a Lucho es la música. Un autodidacta que toca todo tipo de instrumentos: guitarra, violín, flauta, piano, el cajón, “platitos”, “cucharillas” y otras percusiones. Y él solo ha aprendido lenguaje musical; y canta y compone. Canta rancheras, canta boleros pero su pasión es la cueca; no la tradicional sino la brava. La cueca brava, la chora, es relativamente moderna, está ganando adeptos entre los jóvenes, se baila como se siente, dicen (improvisada y anárquica me parece cuando la veo bailar). Le gusta el folklore. Y lo estudia. Está componiendo un canto, “El compás del corazón, principalmente a base de décimas, sus preferidas, y en el que profundiza en los orígenes de la cueca. Con su permiso ahí van unas décimas de este largo canto.








………
el ritmo del corazón
está metido en la cueca
como una pisada seca
implícita la cuestión
el ritmo se hizo canción
con la poesía omeya
y en España es una estrella
que destaca en el flamenco
la hemiola con sus elencos
es del ritmo la doncella

¿quién lo encontró primero?
que fue en África me dicen
que moliendo los maíces
y trabajando los cueros
sea mujer o caballero
que cruzaron los desiertos
en marruecos hay expertos
así que emprendieron viaje
no importaban los lenguajes
con los ritmos hacen conciertos

¿y qué hay de la poesía?
eso es lo que me pregunto
vengo a hablar de un asunto
que tiene gran travesía
partamos con gran valía
y perdámonos por china
con las dinastías divinas
el poeta se arrancó
por las indias se zampó
los mantras y sus neblinas
…..

Mencho trabajó veinte años en la minería, al norte, por Copiacó. Diez días allí, a 4000 metros de altitud, diez días en casa, paraíso de Los Andes. Minas de oro y de plata que hace unos años cambió por el “taxi  colectivo” que ahora “maneja” en sus lares. No tardando mucho se jubilará, la mina desgasta, dice, pero Mencho está fuerte, es pura vida y saca tiempo para sus  nogales, sus paltos, sus lecturas y sus proyectos (reconstruir un carro, construir una casita y otros mas). Y hasta para la música, dice que no le va, pero hay que ver qué voz que tiene y con que gusto y pasión se va de rancheras. De joven fue aficionado a los rodeos, todavía guarda la montura que irá con él al paraíso, dice.


Comimos en la terraza, qué empanadas, qué carne, qué vino, qué gusto. Todo en el horno de leña que  hizo el padre de Mencho.  Empanada en horno, un puntazo, nada de frituras, qué diferencia. Luego de la siesta cogemos el coche y nos vamos a Portillo, una valorada estación de esquí en la frontera con Argentina. 28 curvas numeradas. Tráfico contínuo de pesados camiones a los que no les envidio el viaje, sobre todo el de bajada. Unas vistas imponentes. El Aconcagua no se ve, está justo ahí al lado pero nos le tapa un pequeño cerro, lo que es la vida.




Para los escépticos, curvas numeradas, la 26



Un hotel de lujo de muchos años. Una madera preciosa.
Con helipuerto para que puedan llegar todo el que quiera y pueda.


A cien metros la frontera.

 Inés y Mencho

viernes, 8 de febrero de 2019

Humberstone, Santa Laura y otras inquisiciones

Hoy me ha despertado el canto del gallo. Literalmente. Empieza a lo lejos, un canto flojo, y se va acercando a mi ventana, o mejor dicho a la de Inés, en busca de comida… pero esta es una historia que contaré más adelante.

Ahora contaré lo que hice en Iquique el día siguiente. Lo primero, cambio de planes. Imposible viajar al Altiplano y casi ni  siquiera a otros lugares más cercanos como Huarasiña y Tarapacá y ver la representación humana en geoglifo más grande del mundo (gigante de Atacama). Hay que cambiar el vuelo de vuelta pero, dinero aparte, tengo unas dificultades casi insalvables por la burocracia y los sistemas de la Compañía con la que vuelo (Sky). Cuando ya casi estoy desesperado me acuerdo de la familia de mi tía chilena  y adelanto una llamada que tenía previsto hacerles para visitarles antes de volverme a España. Hablo con Mencho, son las nueve de la noche, me dice que no me preocupe, que todo se arregla, esa calma chilena tan lejana de mi ansiedad. Ahora te llama mi hija, Gisselle, ella sí que te va a ayudar.  Y vaya que si me ayuda. Y con una dulzura que es lo que más vale. Tranquiliza mis ánimos, paga mi billete y reímos de todo cuando  todo ha acabado. Nos veremos en unos días.

Hay una excursión que puedo hacer, es todo el día, de 8 a 8, es muy barata (20.000 pesos, unos 25€, comida incluida) lo que a mi, suspicaz con los dineros, buen occidental que soy, me hace dudar de su bondad. Pero es lo que hay, todos ofrecen lo mismo o parecido. Nada más empezar, mosqueo, lo que iba a ser un micro es un macrobús, lleno. Gracias a Dios lleno de chilenos, una joven francesa y yo somos las únicas notas discordantes. Me siento junto a la guía, una muy buena profesional de apariencia endeble pero firme como una roca que dirige al grupo y al conductor con decisión y maestría. Acaba de empezar su vida laboral, se llama Victoria, su nombre lo dice todo.

La duna, Iquique
Desde el autobús empezamos viendo una enorme duna, calificada por el Estado como  “escenario de la naturaleza” y cuyo apoyo oficial consiste en permitir que una nueva autopista atraviese sus laderas de lado a lado. Incomprensible, Victoria está de acuerdo conmigo. El problema es que a la ciudad de Iquique solo hay un acceso principal (el otro es el del aeropuerto) y tras un terremoto/tsunami de hace unos años, decidieron hacer otra vía de salida….parece que no había mejor camino que la duna. Nadie dice nada.


La plaza, dibujada la bandera del Reino Unido. Al fondo el teatro

La escuela. Ah, los pupitres de mi niñez.










Primera parada, vista panorámica de Iquique. Camino adelante, lejanos geoglífos “dibujados” sobre los cerros. Y al poco, el plato fuerte, las salitreras. Les dicen también ciudades fantasmas. Lo son. Humberstone y Santa Laura. Yo no esperaba mucho, a pesar de la etiqueta “patrimonio de la UNESCO”. Debo decir sin embargo que ha merecido la pena. Por muchas fotos que se vean o
videos en youtube, me creo que la visita es insustituible (como casi siempre lo es). Las salitreras, donde se producía el nitrato (famoso nitrato de Chile) son auténticas ciudades, con su plaza, su escuela, su hospital, su teatro….Y en este caso sus guetos. Porque aquí siempre hubo dos categorías de personas: “los profesionales” y los trabajadores (esclavos se podría decir sin alejarse mucho de la realidad).  Haber conservado la ciudad y la fábrica como eran hace más de un siglo merece todo el reconocimiento de la UNESCO. Paseando por sus calles, con un sol de justicia y una luz casi mediterránea, recordaba las apagadas imágenes de los campos de concentración y ciudades a la deriva que se ven en “La lista de Schindler”. Sobrecogedor. 


Esa era la vida que les llevó a la escuela de Santa María.
Pueblo fantasma donde los haya.

Desde estas salitreras partieron en 1907 cuarenta mil trabajadores hacia Iquique para protestar por sus condiciones. Cincuenta kilómetros, dos o tres días. Allí fueron masacradas más de 3000 personas bajo el fuego ametrallador del ejército chileno al servicio del orden y de los potentados (en este caso americanos e ingleses) propietarios de las minas… y  a lo que se ve también de los que para ellos trabajaban. Fue la conocida matanza de la escuela de Santa María. Tardaron más de diez años todavía en conseguir alguna de sus reivindicaciones. Las autoridades dijeron que habían sido 140 los muertos.


El amigo aymara, solo tocando







El almuerzo (la comida) necesariamente se retrasa. Es en una especie de cabaña tradicional a la batuta de un simpático aymara que nos ameniza, antes, durante y después de la comida. Las lechugas las han cosechado por la mañana, los tomates los recogieron ayer, el pollo ha estado horas al fuego. 
Sin fertilizantes y con el más puro agua de la sierra. Hasta la cervecita Corona, que no me gusta, me sabe bien. En mi mesa todos nos reímos con las ocurrencias del amigo aymara. Sus gracias son la argamasa que necesita una mesa en la que se sienta gente que hace solo unas horas no se conocían. Hasta la francesita que solo lleva solo dos meses por aquí y no sabía ni papa de español el día antes, se ríe con todos y opina de todo.








Nos acercamos a Pica, visitamos unas piscinas termales, abarrotadas, imposible bañarse. Ya de vuelta paramos en la iglesia de La Matilla y en La Tirana, ambas con curiosas historias si bien ya empezamos a estar todos cansados y agradecemos el inicio del camino de vuelta. Son casi las nueve y media  cuando aterrizamos en Iquique. Derrotados. Gracias Victoria, gracias amigos chilenos del sur, Puerto Montt y Valdivia, Concepción y Osorno, gracias por este buen día.



Ya de vuelta a casa empezaron a sonar
todos los móviles dentro del autobús.
No entendíamos nada. Surrealista.
Todos estábamos recibiendo el mismo
mensaje !Es una Emergencia !





jueves, 7 de febrero de 2019

Desbordamiento. Y qué y qué.

La primera mala noticia es que hoy me tendré que quedar en Iquique, cuando lo que yo quería era ir al interior o incluso empezar a moverme hacia el altiplano. Son las 9:30 y las salidas (razonables) han sido antes de las 8:30. La otra noticia es que los desbordamientos de ríos e inundaciones se propagan, ya no solo no se puede llegar a Arica, ahora se hace difícil llegar al altiplano. Cambio de planes. A ver qué se puede hacer en Iquique. Me lío a hablar con unos y con otros y recompongo el día.

Paseo en barquito. Aunque repetido, siempre es una buena forma de pasar el rato y conocer gente. Aquí casi todos los turistas son chilenos, del sur. No les conoceré en su entorno natural pero al menos no son guiris (como yo) y podré acercarme un poco a su modo de entender la vida. Las explicaciones en el barco están muy bien hechas, se refieren a los grandes barcos de transporte que aquí atracan, los miles de miles de toneladas que transportan, lo chinos que son, la zona franca en el puerto (una de las más notables del pacífico sur, donde se puede encontrar de todo todo, también un susto, mejor no acercarse dicen), la industria pesquera, la guerra contra los peruanos a finales del XIX, el buque esmeralda, que, no dejen de visitar….dicen.
La primera mala noticia es que hoy me tendré que quedar en Iquique, cuando lo que yo quería era ir al interior o incluso empezar a moverme hacia el altiplano. Son las 9:30 y las salidas (razonables) han sido antes de las 8:30. La otra noticia es que los desbordamientos de ríos e inundaciones se propagan, ya no solo no se puede llegar a Arica, ahora se hace difícil llegar al altiplano. Cambio de planes. A ver qué se puede hacer en Iquique. Me lío a hablar con unos y con otros y recompongo el día.

Paseo en barquito. Aunque repetido, siempre es una buena forma de pasar el rato y conocer gente. Aquí casi todos los turistas son chilenos, del sur. No les conoceré en su entorno natural pero al menos no son guiris (como yo) y podré acercarme un poco a su modo de entender la vida. Las explicaciones en el barco están muy bien hechas, se refieren a los grandes barcos de transporte que aquí atracan, los miles de miles de toneladas que transportan, lo chinos que son, la zona franca en el puerto (una de las más notables del pacífico sur, donde se puede encontrar de todo todo, también un susto, mejor no acercarse dicen), la industria pesquera, la guerra contra los peruanos a finales del XIX, el buque esmeralda, que, no dejen de visitar….dicen.


Miles de toneladas

También vi lobos de mar














Como en un agradable restaurante, “El Wagon”, como un pescado riquísimo, “blanquillo”, pescado blanco donde los haya. No me resisto a fotocopiar la carta, por si el que esto lee lo hace a mediodía, para que sienta envidia.


Luego de comer me voy al Museo Regional, solo me atraen dos cosas y son en las que me concentro. La cultura chinchorro (sí, como el juego de cartas), de la que se pueden ver horribles cuerpos momificados y anteriores a los egipcios.Y la hemeroteca, que más bien debiera llamarse “taparacateca” porque la verdad, solo hay un periódico, el “Tarapacá”. No se imaginen, mis hijos, una gran sala con estanterías móviles y ordenadores por doquier, esto es un cuarto oscuro con miles de periódicos amontonados por el suelo y otros tantos encuadernados y mal situados en unas estanterías birriosas. Pero hay una luz que alumbra el zulo: el “hemerotecario”, si es que la palabra  existe. Don Guillermo Ross-Murray. Puro chileno, su apellido gringo le salvó de la dictadura en más de una ocasión según cuenta. Salió huyendo de Antofagasta en el 73 cuando le mataron a un buen amigo. Estaba en la universidad, dice que con Victor Jara. Bajito, barrigudo, escucha y cuando acabas él habla, podrías estar horas hablando y volver y volver. Pero tiene muchos clientes, este Don Guillermo. Entra una joven gaditana y pregunta por el 39, es que estoy haciendo una tesis sobre Franco y Pinochet…a ver quién era peor. Don Guillermo dice que el suyo. La chica está en Santiago por unos meses con una beca. Está acabando Periodismo y Audiovisuales, dice que lo que de verdad la gusta es esto último. Pues en vaya en la que se ha metido con Don Augusto y Don Francisco.

Octubre del 39

Neruda








Frente al Museo una exposición más que interesante sobre Neruda. Tendré que hablar de él, pero no es este el momento. Vivió por y para el amor. Dijo que no concebía hacerlo de otra manera. Tiene versos inolvidables. Y unas memorias irrepetibles. Ahí quedan unas líneas del autor.










Me voy a una pequeña playa vacía, creo que es la única en muchos kilómetros a la redonda. Por aquello de estar junto al mar en una cierta calma. Son cuatro y con ellos hablo. Un joven al que le ha picado una medusa reconoce mi acento y me dice que su papá está en Murcia, digo que porqué no se ha ido con él, obvio, me dice, estoy viviendo dos meses de gloria, en la casita solito, bueno, con estos amigos… Está estudiando algo relacionado con los tatuajes, presume del que tiene en la pierna. No olvide, me dice, explicar bien clarito: religión y ciencia van de la mano, siempre, Darwin y Jesús, lo uno y su contrario. La próxima, en el brazo derecho, lo tengo claro, me dice, una serpiente, mala, muy mala, me la hago este jueves. No puedo resistirme y le pregunto si ya sabe qué se tatuará en el otro brazo enfrentado a la serpiente.



En la playa solitaria
Darwin y Jesús
De vuelta al hotel oigo noticias alarmantes sobre las inundaciones en el altiplano. Ya se sabe lo mucho que les gusta a los periodistas el hacer noticia, lo sea o no (vease Ciudadano Kane). Y últimamente, con los meteorólogos como aliados de lujo y la ciencia de su parte, no pueden pedir más, la noticia está servida. Lo cierto es que hablo con unos y con otros y todos coinciden en que será cosa de tres días (los que yo no tengo) pero que con las lluvias de altiplano y desbordamiento de caudales, mejor dejarlo. Pregunto incluso a los carabineros, me dice el cabo que por ahora la carretera está abiertita. Cabo que por cierto me habla de Toledo, que qué bonita. Al final no veo claro cómo acercarme a los “casi cuatromiles” y empiezo a replantearme mis próximos días en Chile.


La  bonita calle Baquedano










miércoles, 6 de febrero de 2019

De San Pedro de Atacama a la calle Baquedano

Con todo el dolor de mi corazón decido no ir a San Pedro de Atacama, corazón de la región. Luego he descubierto que fuimos muchos los que tomamos la misma decisión. Así que me quedé en Antofagasta (tenía bilete hasta Calama) y desde aquí en autobús hacia Iquique, en la costa norte. Lo bueno es que iba a  disfrutar del desierto de día, seis horas más de carretera y con vistas panorámicas. Te dicen que cojas el avión que es más cómodo, pero a mí no  me lo parece. Ahora estoy en un aeropuerto, llevo ya tres horas en pie, tengo dos de vuelo y otras dos para acabar en el hotel de destino, total siete horas. Y más tediosas no pueden ser, la gente anda inquieta, le obsesiona comprar cosas, guarda colas interminables, se quita cintos y zapatos para pasar controles, es tratada lo mismo con altanería que con sumisión pero nunca con normalidad, bebe horribles cafés a precios impresentables, recorre kilómetros de aburrido caminar, consulta mil veces las infinitas pantallas que adornan el paisaje y sus bolsillos… En autobús, como en tren, las estaciones están en el centro de las ciudades, la gente que viaja en estos medios no suele tender a la soberbia, su despiste es más relajado. Y ya sentados, en el autobús normalmente se habla con el compañero de otras cosas que no son los viajes fantásticos que has hecho ni  de los avatares tan especiales que te han sucedido con tu tarjeta de embarque o con la compañía aérea con la que volaste el mes pasado; se habla del tiempo, como debe ser.




He disfrutado del desierto.  Cuelgo unos malos videos que pretenden ilustrar cómo es. En apariencia nada especial, más bien triste, feo, duro, amenazante, inhabitable. Ese mismo carácter le confiere interés.¿Es que acaso no lo tienen la melancolía, el rechazo, el miedo o las dificultades? Cansado como estoy no descanso, me empapo del paisaje, mi compañero de viaje es un chaval que pasa su tiempo con juegos de “la play”. Lo único que sé de él es que quería ir unos días a Arica (norte norte), que ha quedado con un amigo y que a ver que le cuenta en Iquique. No parece que le preocupe. 





Son casi 1.500 kilómetros de desierto. Más seco que el Sahara. Vivir en el Sahara, aunque pueda sonar raro, me parece un privilegio; vivir en puro desierto Atacama es más sobrevivir. Como el agua y el vino pero desiertos a fin de cuentas. Impone,, sobrecoge, es lo que a mi gusta.








  

Iquique, dicen que viene de “iquéiqué” no recuerdo si aymara o quechua. A mi me gusta pensar que viene de “y qué y qué”…nada de etimologías raras.

Iquique, ciudad de largas playas, en no todas permitido el baño, es el destino desde el que tenía previsto hacer excursiones al interior y al altiplano. En el mapa resulta atractivo, ¿a que sí? Como referencia, que no se ve en el mapa: Arica está 300 kms al norte de Iquique, también junto al mar, ahor sin acceso. Al ladito de Perú, Tacna a 50 kms. Pues bien, el plan era estar en Iquique hasta el viernes 8, fecha en la que tengo vuelo de vuelta a Santiago.







Pero tengo un mal presentimiento. De momento me concentro en el corto plazo: dejar mochila, limpieza de ropa, ducha, una buena cena…Empezamos bien: el hotel divinamente situado, en la calle principal, Baquedano, una calle bonita donde las haya, la habitación luminosa, con vistas al mar, la cena, al aire libre, en un restaurante peruano (aquí es habitual la comida peruana), un buen cebiche (aquí con b alta) y un pulpo a la brasa digno de recordar, un purito y a la cama pronto. Mañana ya veremos, aunque tengo un mal presentimiento. Lo digo también por un lector que me pedía pasión y suspense. La pasión, la demuestre o no, la traía, el suspense está comenzando.