domingo, 12 de febrero de 2023

Santa Marta Santa Marta

Yo quería llegar a Santa Marta y desde allí organizarme unas salidas a la Ciudad Perdida y al Parque de Tayrona.  Pero entre que éste no abre hasta la semana que viene y que la Ciudad está tan perdida que necesito más días de los que dispongo, he tenido que cambiar de planes.  Mantengo el viaje a Santa Marta desde Cartagena, la costa a mi izquierda, cuatro horas de bus (ni tren ni tranvía) pasando de largo de Barranquilla que  lo más notable que tiene es su Carnaval, dicen que a la altura del de Río de Janeiro. Casualmente se celebra la  semana próxima, justo antes de empezar la cuaresma;  podría haberme organizado para ir, pero !qué enorme pereza!  Aparte de que debe ser imposible encontrar alojamiento.


Mientras desayunaba a primera hora en Mi Casa Real (del Cabrero) he pensado en la palabra del día, la de hoy es Chiva, para levantar el ánimo de cualquiera. La foto dice lo que es pero para entenderlo bien mejor  pinchar aquí: https://www.youtube.com/watch?v=0SU315P-99I&t=8su.be/0S





Y si de levantar el ánimo se trata nada como mi desayuno de hoy.  Solo por la papaya y el mango ya merecería un diez. Si a eso le añades el “jugo de tomate de árbol”, así, como suena, entonces un once. Es un tomate, es como un cítrico, es muy líquido, es muy rico. Todo ello servido, como debe ser. Y además con amabilidad, con sus huevos, su jamón, sus tostas con  mermelada  y su café colombiano. 


Supongo que lo he dicho y escrito en alguna ocasión pero creo seriamente que viajeros del mundo unidos deberíamos hacer  serias protestas  a los miles de hosteleros que nos han robado el placer del desayuno. Reivindicamos un desayuno justo. El “hágaselo usted mismo” ha encontrado la mayor de las perversidades justo a primera hora del día,  cuando nos desayunamos. Cualquier día nos vamos a tener que hacer la cama del hotel, confío que pueda hacerse después de desayunar. Cuantas más estrellas tiene el hotel mayor la perversidad porque te la visten de frutas tropicales inencontrables e insípidas, de una variedad de quesos de supermercado que no hay cuerpo que lo soporte y de revueltos huevinosos teñidos con vegetales que ni el colorido remedia.  Yo protesto como puedo, si todo me lo tengo que hacer yo me voy a la cafetería más próxima, donde me sirven, como un señor. Hoy no he tenido que moverme, benditos hosteleros alternativos. 

He desayunado como dios. Gracias, digo cuando acabo. Con gusto, me contesta la camarera.


De Santa Marta no se habla bien,  una ciudad de paso, dicen, para hacer excursiones a los fantásticos lugares de su alrededor. Nada mejor que anticipar lo peor porque a mi me ha gustado nada más llegar. Se ha redondeado con el hotel. Hoy hemos bajado el precio, que no la calidad, de hecho la habitación es cien veces mejor que las anteriores. Son 26 € la noche, con desayuno servido, veremos qué tal. Akuamarina se llama el hotel. Amabilidad soberbia. 



No contento con lo anterior,  he buscado una ruta para estos días y la he encontrado rápidamente. Mañana salgo tempranito hacia una comunidad indígena, no muy lejos de aquí. Hago noche y vuelvo al día siguiente, a mi Akuamarina, eso ni se discute. Mañana no habrá blog, qué pinta allí un ordenador. Ahí quedan unas fotos de la azotea del hotel, auténtico chill out que se dice.




He dedicado la tarde a la lectura y a pasear por la ciudad, también he probado un buen pescadito (ródalo) y un buen salpicón, un buen café, un buen bizcocho de plátano y un buen cigarrito, que ya lo echaba en falta. 






Y aquí lo dejamos. Perdón, olvidé decir que la joya nacional es la esmeralda. Hay una plaza en Bogotá en la que todos los días se celebra un mercado abierto de esmeraldas. Se ven decenas de señores con papelinas blancas que contienen esmeraldas de calidades diversas. Es interesante. Dicen que cada día se mueven millones de pesos; digo yo que serán miles de millones porque un millón son solo 200€.  No compré, ni buenas mi malas, y mira que me gusta la esmeralda.




sábado, 11 de febrero de 2023

La cara B

Un largo día acaba. 

Seguramente que por un librito que estaba leyendo "sobre la fotografía" (Susan Sontag) he amanecido con ímpetus fotográficos. He cogido la pequeña cámara que traje, y que pensé que no utilizaría, y desde las 8 de la mañana me he liado a sacar fotos de todo lo que pillaba en la vieja Cartagena. Pero no asustarse que no voy a colgar ninguna, no valdrán nada; y digo no valdrán porque no las he visto.  Ahí va un enlace con un montón de imágenes. https://www.minube.com.co/fotos/cartagena-de-indias-c111

El personaje del día es Alexis, un cubano con nombre ruso; tiempos aquellos de Fidel. También tiene carnet paraguayo, lo he visto. Como  tantos otros al único sitio al que no quiere  volver es a Cuba y eso que dejó dos hijos y una ex a los que envía 50 dólares cada mes. Su último hogar, Brasil, desde donde entró en Colombia. Su objetivo, Estados Unidos. Pero necesita dice que 400 dólares para pagar a los coyotes y pasar toda Centroamérica (Panamá, aquí al lado, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y por fin Mexico) Al parecer eso sería con el pasaporte paraguayo; el cubano es justo para entrar en EEUU, dice. Qué cosas tiene la vida.

La palabra del día es hale. En las puertas en las que por un lado pone empuje, por el otro pone hale. No lo había oído en mi vida, pero sí, está en el diccionario. Tire, tire. Hale, hale. Ale, ale, que también vale.

La curiosidad que hoy comparto es la de que la mayoría de los coches tienen cristales tintados. Dicen que por el sol, tomen nota en el Mediterráneo.  A mi me parece un poco narco. Nunca se sabe si te están sacando la lengua o te están mandando un beso....en fin, tiene su encanto.

No podían faltar las librerías en este blog. La de hoy se llama Ábaco, donde además de comprar libros se puede tomar un buen café y un riquísimo bizcocho de arquipa. La foto me la han hecho, por eso me atrevo con ella. Debo decir que un libro de una misma editorial (Alfaguara, Lumen etc) pasa de valer 20€ en España a 12€ aquí. Cargaré con libros antes de la vuelta. De momento ahí van unos autores colombianos de referencia: Sara Jaramillo,Pilar Quintana,Tomás González. Yo ya estoy leyendo uno de Piedad Bonett, una joya. De los ya conocidos, Vásquez, Abad Falicione, Restreto no digo nada. 

A mí me parece que me sientan bien los libros ¿O no?

Por la tarde dos horas de descanso en el hotel. Más "canso que descanso" ha sido, porque me he liado con los planes para los próximos días y he sufrido, como tantas veces sucede en estos viajes. Así que me he dicho: veamos la playa, y veamos Cartagena 2. Dicho y hecho. Caminata playera y visita a las zonas chupis de la ciudad. Y es que  efectivamente hay otra Cartagena, mucho más habitada, mucho menos habitable. Esta es la otra  cara de esta ciudad Patrimonio de la humanidad.

La cara B 

Y sé que hay otras caras, bastante más baratas. Andando,  en solo media hora. Me lo ha dicho Alexis. Por allí ni te acerques, yo es que estoy acostumbrado, he vivido junto a una favela, dice, allí puedo pagar mi habitación.

Decía la gente que en Bogotá a las 8 de la noche mejor recogerse. Verdad o no, lo cierto es que en el centro, donde yo estaba, no había un alma a esas horas, un alma noble, quiero decir. En Cartagena, a esas horas, hoy había miles de almas, supongo que de todas las especies; también estaba yo

Y nada más por hoy, que mañana....."Me voy pa la Barranquilla".....



viernes, 10 de febrero de 2023

Cartagena de Indias

Pues lo que decía, la noche en el hotel de Bogotá se me hacía larga y tediosa y a eso de las 4 de la mañana tuve una revelación: calorcito, calorcito dónde, pues en el Caribe. Pues al Caribe. A eso de las 5:30 eche mano del ordenador y reservé hotel y saqué billete de avión para las 9:45. Tiempo suficiente para desayunar como un señor, hasta un plato de arroz me he comido...es lo que había en la zona de salados además de los consabidos revueltos y huevos fritos. En lo del hotel no podía andarme con tonterías, lo de la mochila es una cosa pero cuando uno quiere recuperarse de un trancazo (con el que me vine de España) tonterías las justas. Afortunadamente en Cartagena puedes pagar 3, 6 y 8 millones de pesos por una noche, para eso está el hotel Casa San Agustín (8 millones son unos 1600€). La verdad es que me daba cien patadas pagar por una suite para mi solo, así que exploré otras opciones y me encontré con "La casa real del Cabrero by Soho", !toma ya! Tuve que coger suite, era lo que quedaba. Y aquí estamos, en un hotelito delicioso de siete habitaciones (la mía la mejor) pegadito a las murallas, pero por fuera. Luego os enseño unas fotos. De momento ahí va el enlace: https://casarealdelcabrerobysoho.getawayrentals.info/ Esta vez lo hemos hecho por 100 dólares la noche. Mueran los mochileros pobretones.

Con los taxis Cabify (o uber) todo funciona de maravilla. Y aquí son un regalo, el de Bogotá 5,5 €, el de Cartagena 3,5 €. Antes de mediodía ya había dejado las cosas en el hotel, cambiado la manga larga por la corta, sandalias que te crió y crema solar a tutiplén, Que ya daban 32 grados, poca broma, insisto.

Sin ni siquiera mochila ni riñonera, ni guías ni puñetas me encamino intramuros, eso sí, aunque sea más largo, unos minutos paseando junto al mar, por la Avenida Santander (por el general de este nombre, no por la ciudad española). La costa cartagenera es como la recordaba. Que por qué digo eso si es la primera vez que estoy aquí, pues no lo sé, pero así es. Las costas caribeñas que conozco (Puerto Rico, República Dominicana, Panamá) o sobre las que he leído ( Vargas Llosa, García Márquez) me han dejado un poso en las traseras de mi cerebro, como sucede con tantas otras cosas que uno nunca vio o personas que nunca conoció en realidad y que sin embargo diría conocer en detalle.

La ciudad es espectacular, a pesar del barullo turístico) es una de las mejores ciudades coloniales de América junto con Cuzco (puedo confirmarlo) y con  Ouro Preto en Brasil (habrá que visitarlo). 

Para que la mañana fuese perfecta una buena comida. Restaurante que me ha dicho un pollo que me ha inspirado confianza y allá que me he ido. Me colocan en un sitio estupendo junto a la ventana justo debajo del aire acondicionado, o sea, lo mejor para mi trancazo que ya empezaba a ceder con el solete caribeño. Me trasladan a otro sitio debajo de un ventilador (aquí los regalan), digo que gracias, que me voy  y de pronto me encuentro junto a una pequeña orquesta, en el mejor sitio del restaurante y que curiosamente me había pasado desapercibido. Se puede pedir langosta pero me conformo con Ceviche con salsa de coco (millones y millones de ceviches se encuentran, algunos muy buenos, la mayoría solo valen algo por las salsas, como éste, pero me ha sabido riquísimo). Y luego, que tenía hambre, un arroz vegetariano cocinado a fuego lento envuelto y presentado en una hoja de no recuerdo qué. Muy rico. De fondo los músicos, creo que solo yo los escuchaba. 

Paseo y paseo hasta dar con el Palacio de la Inquisición, dicen que hay que visitarlo y ahí que vamos. El palacio bien, la historia y los objetos de tortura simplones: un patíbulo por aquí un sádico aparatejo por allá y poco más. Así que pregunto por un buen café al conserje del museo, me manda al Starbucks de la esquina; porque era el doble que yo (de cuerpo me refiero) sino lo dejo allí mismo; decírselo se lo he dicho. Insistiendo un poco no le ha costado recordar que había algún que otro Juan Valdez en la ciudad  y esto ya era otra cosa, que ese nombrecito nos suena muy bien a los muy cafeteros.

En la cola de la barra he visto precios de los cafés, en torno a 20€ el kilo. Bien cuando tienes quien te lo lleve. Lo bueno de las colas es que conoces gente, y este es el caso. Se llama Yonatan Rivas (sí, con Y, como debe ser, no con J coño). Unos 40 o 45 años. Especialista en sistemas trabaja por cuenta propia, ahora preparando un portal de bitcoins; me dice que es un timo, que ahí no ponga un duro. Será como dice. Venezolano de origen, colombiano de adopción y también ha vivido en la República Dominicana y en Argentina (aquí no solo vivió, sufrió la pandemia). El noviembre pasado estuvo en España (Orense incluido) y en Italia, trabaja y viaja y viaja cuando trabaja y trabaja cuando viaja. Es lo que tiene su profesión. Ahora vive en Bogotá donde hace un año compró piso, 120.000€ me dice que le costó. Que le ha dicho un primo que en Orense con ese dinero se compra un "cacho casa". Ya le he dicho: o el primo está gagá o el piso se ubica en la Galicia profunda. A él le he convencido, el problema que tiene es que su mujer se lo cree. Quieren venirse a Europa, falta echar cuentas. 

Mañana quizás nos volvamos a ver.

Casa Real del Cabrero. Guapísima.


En  Casa a descansar, la tarde ha ganado un tono caribeño.  Me veo a mi mismo sentado en la tipo-hamaca y tengo dudas de si se trata de una imagen del "Otoño del patriarca" o de "El Mariscal en su laberinto" (perdón, quería decir"El General en su laberinto"). No se me puede negar el aroma  que se percibe del que tantos años vivió por aquí y tan cerca nació, el Sr. García Marquez, del que hablaremos otro día. Aracataca está muy cerquita, le quisieron llamar Macondo pero no se aprobó. Quizás también por eso GM emigró a México, donde, como es habitual, le recibieron con los brazos abiertos y le dieron la nacionalidad sin pedirla. 


Al fondo la habitación

Y aquí lo dejo, son las 9:15, hora de irse a dormir. Hasta la próxima

Con mi cervecita y mi café. Recogemos.




Bogotá

La llegada a estas grandes ciudades es siempre desordenada y me provoca desasosiego. Al menos, en esta ocasión había quedado con G., hijo de un amigo, para cenar; tuve que sobreponerme rápidamente del jet lag y de los 2.600 metros de altitud de la ciudad. Del aeropuerto, mochila a la espalda, directo al restaurante. Allí me esperaba con su novia y pasamos un muy buen rato, ceviche y más ceviche fue la cena, bien empezamos. Pero la noche no perdona, ha sido un continuo duermevela, tampoco imaginaba que iba a pasar tanto frío como en Burgos. La altura se paga. 

Los Andes atraviesan Ecuador y al entrar en Colombia se abren en tres cordilleras. Bogotá está en la cordillera oriental. Al parecer, este país siempre ha sido de muy difíciles accesos. Dicen las crónicas que cuando de Cartagena de Indias a Bogotá se tardaban meses,  a Londres solo se necesitaban semanas. Las cosas han cambiado pero la esencia permanece. Me decía ayer G. que de Bogotá hay que salir en avión, que por carretera es una locura; por desgracia me ha convencido. A mi próximo destino, sea Medellín o sea una de las "ciudades cafeteras" creo que no voy a ir en autobús como tenía pensado. 7 horas para 240 kms parece excesivo.

Bogotá, te pongas como te pongas, tiene poco que enseñar. Salvo miserias, que deben ser muchas. Yo, como buen turista, solo alcanzo a pasear por La Candelaria y alrededores.  Plaza Bolívar con el Congreso, la sede del gobierno etc... cuatro casas coloniales, algunos buenos museos (el llamado del Oro, el más importante del mundo en su género, el de Botero, también notable) y poco más. Dejo para la vuelta el subir a los cerros que circundan la ciudad y que al parecer también merecen  la pena. Cientos de puestos ambulantes, gente para todo, para limpiarte los zapatos, para enseñarte la ciudad, para robarte, para venderte  cualquier cosa, gente con la que es fácil hablar, porque son amables, son educados, su castellano está lleno de cortesía...sé que me repito pero es así.

Título de la obra: El mundo a la vuelta

Título de la obra de Botero: Viajero errante.







Pero esto que veo es solo una pequeñísima parte de una ciudad en la que malviven más de 10 millones de personas y  donde más de la mitad lo hacen en calles no asfaltadas,  sin agua caliente, con un sueldo de mierda de 200€ al mes. A su lado, como siempre, hay gente con posibles, los he visto a la puerta de los organismos oficiales en el centro de la ciudad. El castellano de estos pollos no es tan amable, es impostado, y sus caras, lo juro, son estiradas, distantes, engominadas. Siempre así, el poder atonta.

Por la mañana he hecho un "free tour". No me ha gustado, muy largo y demasiado lleno de referencias históricas, le faltaba calidez. Pero me ha ayudado a entrar, más que en la ciudad, en el país. Y, como siempre, me ha servido para conocer gente. Había varios españoles, ninguno me ha interesado, me he inclinado por un alemán con el que además he comido. A él y a sus historias dedicaré unas líneas. 

Se llama Heiner. Llegó ayer a Bogotá, venía de Masatepe, un pequeño pueblo de Nicaragua a camino entre Managua y Granada. Este pueblo está hermanado con el suyo en Alemania, Gross Gerau, un pueblo a poco más de media hora de Frankfort y de Maguncia. Desde Luxemburgo, por si alguien está interesado, se tardan 2h 30. Gross Gerau presta ayuda de todo tipo a Masatepe. Porque las carencias y miseria en toda Nicaragua deben ser enormes. Y ayudan a pesar del tiránico gobierno de Daniel Ortega y esposa, que han hecho del pais su finca particular. Por este motivo han empezado las reticencias por parte de muchos colaboradores alemanes por lo que pueda percibirse como "colaboración con una dictadura".  Hay que joderse. Han bajado las ayudas y se entiende, y es que además, les gusté o no, tienen que hablar con las autoridades  que, como es lógico, son del partido que gobierna

Como curiosidad, en Masatepe nació el escritor Sergio Ramírez, tuvo que salir por piernas de su país, ahora vive en España donde ha recibido el Cervantes.  Uno de sus últimos libros es Tongolele no sabía bailar en el que pone a caldo a los gobernantes actuales y que está escrito con una heterodoxia lingüística digna de aprecio, me gustó; echadle un vistazo.


Heiner aprendió castellano en Bolivia hace algunos años y lo ha ido perfeccionando es sus viajes por estas tierras. La visita a Nicaragua también ha sido “de trabajo”, de seguimiento y apoyo a los proyectos en los que colabora la comunidad de Gross Gerau. No venía por aquí desde antes de la pandemia, como todos.


Su mayor afición es el ciclismo, hace largos recorridos por Europa con un amigo del alma (al que no he conocido, llegaba al día siguiente). Hace dos años fueron en avión a Lisboa y desde allí en bicicleta  hasta Sevilla para después subir hacia Salamanca, y supongo que hasta Santiago, por el Camino de la Plata. Dice que extraordinario. También ha ido desde su ciudad natal hasta el sur de Italia,  atravesando los Alpes, vuelta en tren; en fin, un figura. 


Hablando de ciclismo me dice como avergonzado que se ha comprado una bicicleta eléctrica, que sobre todo lo  hizo por su amigo, que tiene dos prótesis en las rodillas; pero le da como apuro hablar de ello. “Siempre estuve tan en contra” me dice, y termina: “me autojustifico por mi edad”. ¿Cuántos años tienes pues? (le había echado entre 60 y 70, como yo). 76 me dice, !Acojonante!  Solo lleva 10 años jubilado, tiene una hija y una novia con la que también viaja. Fue profesor de lengua y literatura alemana y director de una escuela. Disfrutaba, pero ahora más. Y no se cansa. !Los viajes que me quedan!, pensé yo para mis adentros; cierto es que subiendo y bajando Alpes en bicicleta no me van a pillar.


Todo esto lo hablábamos mientras nos comíamos un soberbio plato de ajiaco, plato típico colombiano que me gustó mucho  (tres tipos de patatas con pollo, ajo, mazorcas de maíz, también crema de leche y alcaparras al gusto; y saber hacerlo).  Luego, en un sitio muy especial Heiner me invitó a un café de verdad. Él y su amigo van a estar por Colombia cinco semanas, prácticamente seguro que no volvemos a coincidir, una pena. Tengo su dirección de correo por si en mi próxima vida perfecciono mi alemán y me voy a Gross Herau a aprender lengua y literatura alemanas. Heiner también cree en los proyectos para una vida próxima, así me lo dijo.


Así se ve el Ajiaco. La pinta puede engañar.


Ahora estoy escribiendo  en el avión, camino de Cartagena de Indias. El consejo de G. de no salir de  Bogotá por carretera  y otras circunstancias me han llevado a cambiar el plan inicial. Hoy dormiré junto a las aguas del Caribe.


jueves, 9 de febrero de 2023

Poca Broma

Las últimas entradas son del viaje a Chile en 2019. La pandemia de 2020 paró todo, pero entre una fecha y otra hubo algún viaje fuera de España que que me apetece recordar.

El primero de ellos, Nápoles,  sobre el que empecé a escribir para este blog pero que se quedó en borrador. Esto es lo que me viene a la memoria: la vivacidad de la ciudad, Nápoles es el más puro sur que recuerdo; la pasta, todos los días comimos pasta, cada día mejor que el anterior; y el teatro Carlos III, inmenso. Imposible no mencionar Pompeya, Herculano y la luz de las islas. 


De Amsterdam imposible olvidar  el olor a marihuana. Gante,Brujas, los molinos...y lo mejor, sin duda,  la frescura de M. y S., un regalo. Y hay que decirlo: volvieron vegetarianos.


A finales de año fuimos a Estados Unidos, B., J. y yo; allí nos esperaba C. La mitad en Nueva York, donde cada momento es un nuevo recuerdo, eso sí, conscientes de que la ciudad es inabarcable. Y la otra mitad en California. Largas horas de carretera, noches de motel, San Francisco…y sobre todo, la grandeza de sus parques. Death Valley, un sueño. Hay que volver. Lo mejor, el equipo. 


A lo largo del año fuimos a Londres, nuestra ración anual, ésta lo era antes de la definitiva salida de los británicos de la Comunidad Europea. Lo que no podíamos imaginar es que los siguientes tres años la visita anual no se produciría. Poca broma.


La pandemia que saltó en 2020 cortó alas. No todo el mundo remontó el vuelo. Ese año quería haber ido a la India, A. estaba allí, se tuvo que volver. Hubo que cambiar las aspiraciones viajeras. Tiempo de centrarse en lo cercano: la ciudad en la que vivimos, los pueblos que la rodean, las ciudades a las que nos era permitido ir.... Lisboa, sus fados, la Ribeira Sacra, heroica, Ibiza, Coruña, amigos, Madrid, sus conciertos,  Andalucía, sus ciudades y sus pueblos, la costa cántabra, Olmedo y  Mérida, sus teatros, los Arribes del Duero, !ah Portugal!  Algunos de estos lugares ya han entrado en nuestra rutina viajera, 

    

La Seminci también ha forzado pausas en estos años; se nos olvida, se nos olvida casi todo, pero así ha sido. Poca broma.


Escribo esto en el avión que me lleva a Bogotá donde ahora son las dos de la tarde, en España las ocho. En unas horas comienzo un nuevo paseo por tierras americanas. Colombia es el destino. Esta vez he cogido algún día más, quiero ir más tranquilo. 



miércoles, 13 de febrero de 2019

Posfacio 2, videos


Posfacio. Reparando olvidos.

Las empanadas
Siento debilidad por las palabras, por el idioma, supongo que se lo debo a mi padre. Él siempre citaba a Unamuno cuando para quitar interés a la forma hablaba de las “gramatiquerías”. Pero Unamuno, como mi padre, como yo, todos somos amantes de las formas del idioma, qué duda cabe. Y los vericuetos por los que anda nos emocionan. En Chile me he encontrado con mucha gente que también así lo siente. A más de uno, joven o viejo, pregunté por una palabra o expresión y me contestó: “pero eso no está en la RAE”. Más tarde yo consultaba y a lo mejor sí estaba o a lo mejor no.  Su amor por la palabra estaba claro.

Quizás haya observado el atento lector que no pongo tilde en la palabra video. Mimetizo con el entorno. Mi padre decía que vídeo (con tilde) era “un palabro”, que en el español más puro, el que se habla más allá del Atlántico, decía él, se dice video (sin tilde).
Mesero, quien atiende las mesas en un restaurante. Qué podía ser si no.
Tomar que no beber. Bebestibles, fácil. Una copa de vino, nunca un vaso. Bebidas, los refrescos. El plato principal en una comida es el fondo, no me parece mal. 
La estación es solo de trenes. El autobús para en la Terminal. Vaya enfado se me cogió un pollo con esta confusión.
Aquí los dibujos animados son monitos animados. Me gusta.
Lo contrario de ingresar y que se utiliza de continuo es egresar. Qué sencillo, qué bien.
No se dice cuánto tarda en llegar sino cuánto se demora. A mi me suena más prudente.
Un hombre seco es un hombre capaz.
Pololo/a, novio/a.
El grifo es la llave, por qué no.
Chicotea los caracoles, apúrate.
Estaba de mala caña, con un hachazo, con resaca.
Tener una chiva, una escusa.
Y las horas, en inglés: diez para las nueve, cuarto para las dos…Qué difícil.
Aquí las cosas no se tiran, se botan. Tirar es otra cosa, me dicen. Me acuerdo del coger argentino, pero no sé si estoy bien encaminado.
Y tantas otras que he citado más atrás: bajativo, altiro etc.

Cambiando de tercio, no quiero que se me olvide una última curiosidad sobre la mesa: aquí el tomate, como fruta que es, siempre se sirve pelado. Una gozada. Era la época, he comido los que he querido.

Últimas noticias sobre el temporal: al día siguiente de dejar Iquique, llovió. Cerraron el aeropuerto.  En dos horas más que en los últimos quince años. 

Noticias de mi amigo el concejal de San Fabián. Esta mañana tenía un guasap suyo a primera hora: buen viaje, decía. Increíble. Y ya que le menciono recordaré una pequeña conversación que tuve con Rodrigo sobre el lugar de nacimiento de Violeta Parra. Como se sabe, la casa natal está en  San Carlos, pero los de San Fabian se pelean por el lugar de nacimiento (aunque ya tienen, ese confirmado, el de Nicanor Parra, hermano y antipoeta) y mi amigo político me dio mil argumentos para justificar que no era sancarlina, que nació en San Fabián. Yo le contesté que a mi parecer este tema le traía al pairo a la amiga Violeta porque nunca lo aclaró ni lo desmintió, ni hay constancia de que volviese por estas tierras o le preocupasen lo más mínimo. Y que siendo así, para mi no era ni de un sitio ni de otro. Ante tal contundencia argumental solo pudo decir: pero Nicanor sí, ese sí.


Luchito

Luchito es un hombre inteligente, bueno, amable y educado. Y es un  hombre culto que lo mismo habla de historia que de etimología y que en cualquier conversación sabe poner su granito. Él me enseño que pololo tiene al menos tres significados: insecto, novia, pantalón corto. 

Luchito habla de su mamá y de su papá con gran respeto. Aquí siempre le dicen mi mamá y mi papá, nada de padre ni madre; en sus voces tiene una sonoridad especial. Luchito acabará este próximo año su ingeniería metalúrgica pero su pasión es la música. Esta mañana se ha levantado para despedirme, le he preguntado qué le gusta hacer por la mañana, responde que hasta hace poco lo primero que hacía era cantar , “ahí es ná”. Ahora cree que es mejor que la voz caliente poco a poco y empieza más tarde. Él quiere ganarse la vida con la música. A su papá el plan no le seduce pero Luchito está decidido. Hace dos años tuvo una depresión que le alejó de este mundo, dudas con la ingeniería, la muerte del abuelo en casa… Luchito es un hombre sensible. A las dos horas de llegar yo a Los Andes dejó sobre mi cama (su habitación que le quité) una décima de bienvenida.  El gato que merodea por toda la casa y al que recogió en las calles dice le ayudó mucho a superar la depresión.  Luchito es adicto a la música, cuando no es el violín es la armónica o está componiendo o cantando…. Hay que decirle: para. Y él con humildad pregunta: ¿le canso? Y a los dos minutos se emociona de nuevo enseñándote en el móvil la última canción que ha compuesto o cantándote un bolero, sabe que me gustan.

La habitación de Luchito.
Luchito me ha dado una lista con más de 25 grupos/cantantes/canciones. Antes de salir le he pedido que me la redujese para compartirla en el blog.  Se que a alguno de mis seguidores le interesará. Algo he oido estos días, creo que merece la pena profundizar, habrá de todo, seguro: rancheras, boleros, cuecas.

    • Orquesta punta e diamante
    • La flor del recuerdo
    • Daniel Muñoz y los Marujos
    • Nano Stern
    • Los Visconti
    • Los nocheros
    • Cantata Santa María de Iquique
    • El temuticano, Tito Fernández
    • Inti-illimani, el canto de todos
    • Santiago del nuevo extremo
    • Los del Mapocho, 

Como diría mi padre, bellísimas personas,  todos ellos, Luchino, Gisselle, el Mecho (obsérvese que he corregido, no es Mencho) y la Inés. Todos.Hay que ver la preocupación de Mecho por lo que hubiera podido ser lo que no fue casi nada: un pequeño incidente que tuve al abrir la puerta trasera del coche (se arregló con 15 dólares). Y la de Inés por si nos perdíamos en Valpo.

La gente chilena en general me  parece tranquila y educada. No saben decir no. Un día en un hotel pedí que me imprimiesen algo; altiro soltó el recepcionista sin dudarlo, se me quedó mirando como esperando algo y al poco me dice: lo único es que no tengo impresora. En los autobuses, en los que tantas horas he pasado no hay persona mayor que baje sola, siempre hay una mano amiga, también para los bultos, también en los autobuses urbanos. 

He tenido mucha suerte en este viaje, si no me equivoco solo me he cruzado con un español (la estudiante de Iquique) y las conversaciones con turistas de latitudes no hispanas no han pasado de tres, ese es todo el inglés que he practicado. Siempre chilenos, en un viaje eso no tiene precio. 


Y esto es todo en Chile. Como ya dije, estos viajes también quieren serlo hacia adentro.  Este cuaderno me ayuda mucho. Entiendo que a veces  pueda resultar largo y pesado. Lo siento por ustedes, a mi me sirve. 




Ciudad fantasma












Minicollage




Mariscales para llevar



















martes, 12 de febrero de 2019

Despedida



Mi cazuela
Qué mejor para las últimas horas en Chile que disfrutarlas en compañía de amigos chilenos. Así que en lugar de dormir en Santiago me acerco a Los Andes dispuesto a pasar la tarde del lunes en la cordillera. Además intuyo que me está esperando una “cazuela” como Dios manda. La hospitalidad de esta familia es algo casi olvidado. El puchero, que también así se le llama, es una sopa (como La Paila) en la que se sumergen vegetales y carne, vacuno con su hueso, que le da sabor, choclo (riquísimo el maiz, riquísimo),papas, zapallo (o sea calabaza) y especias varias; todo ello acompañado de ensalada chilena (tomate y cebolla) y cómo no de pebre, una pequeña ensalada  pequeñita de la que me he hartado en Chile  (normalmente tomate y cebolla picaditos con cilantro y ají, ahí le va el picante). Según la cantidad de cada ingrediente a veces predomina el rojo, a veces el verde.

Comemos en el porche, comemos tarde porque en la terminal a donde me han ido a buscar, nos hemos despistado ridiculamente más de media hora. Yo creo que nadie en el lugar recuerda que un autobús de Santiago llegase a Los Andes con 15 minutos de adelanto. Pues  eso ha sucedido. Pero no importa, la comida ha sido relajada y la sobremesa musical, eso que no falte. “Si vas para Chile” estaba en el desván de mi memoria, mi padre también la cantaba, y hoy la hemos cantado juntos. Luego hemos visto fotos, hemos reído con las cosas de Mecho, cafecito brasileño y purito para las ocasiones. 

Mecho tenía  un regalo de despedida. Subida al cerro de la Virgen. En coche, por supuesto. Pobre coche, un camino de cabras, casi solo apto para mulas (que dice Mecho son los animales más duros e inteligentes para andar por la cordillera). Merece la pena.  El río aconcagua resulta ridículo a pesar de su nombre, la magnificencia de los cerros que le rodean y que rodean a la comuna de Los Andes y que ya en lo alto nos rodean a nosotros es memorable. Entiendo que quien aquí nace aquí quiera seguir viviendo. La cordillera es sobrecogedora, creo que ya lo he dicho pero a medida que pasan los días el sentimiento es más y más envolvente. Me viene a la cabeza, (siento parecer  un cultureta), el río y la montaña de San Manuel Bueno Mártir, de Unamuno.




Aromas de cordillera


















Hablando de culturetas, qué placer escuchar a Mecho cuando cuenta historias de Historia de Chile. Y de la conquista de América, y de los pueblos indígenas que habitaron todo Chile, desde los Chinchorros al norte (viejos conocidos), los Dieguitos y otros hasta los Araucanos en Tierra de Fuego. Y cuenta historias de unos y de otros. Del jefe Michimalongo, que vivía en lo más alto de un cerro en forma de mesa que desde aquí se ve; y que guerreó contra los hombres de Diego de Almagro y de Valdivia, descubridores de Chile, si así se puede decir. Y cuenta historias de esos guerreros infatigables que fueron los Araucanos y que él ha leído en la versificada La Araucana (de Alonso de Ercilla). Y cuando hay algo que puntualizar ahí está Luchito que de todo sabe y tiene criterio.
Vestidos de puro huaso






En casa cena liviana y sobremesa con la abuela pocha, con la música de Lucho y hoy con los cuentos de Mecho. Recordaré siempre las historias pero me reconozco incapaz de contarlas. Los títulos lo dicen todo: El chancho siamés, La escopeta de mi abuelo, La perra con pata de palo. Reimos con ganas. A Inés hoy le toca cuidar de su madre por la noche, nos despedimos. 










Esta mañana Mecho me ha acompañado a la Terminal camino del aeropuerto, donde ahora escribo. Por el camino me ha contado con gracia que tienes, otro cuento: “la mano de la niña”, la monda.












Emocionados uno y otro nos hemos dicho hasta siempre. 

Adiós Chile

(PD: falta un artículo, se siente, que escribiré en el avión)





Adios cordillera.  A ti te lo  digo jefe Michimalongo