Cuando llegamos al alojamiento tenían preparado el listado de actividades para cada uno de los días que vamos a estar aquí. Llegamos derrotados, habían sido más de treinta horas seguidas de un asiento a otro. La primera sorpresa fue el madrugón del día siguiente. Eran tan amables que les perdonamos todo; también el que la habitación fuese del matrimonio y no doble como habíamos pedido. Pero nos la cambiaron y nos dieron una mucho mejor, con vistas al mar (léase piscina). El lugar acogedor, las instalaciones muy correctas, la comida, tipo buffet, simple pero bien, de vez en cuando algún extra ( mañana por ejemplo, macarrones boloñesa, cortesía para con nosotros del amigo Maximo, Max, del que ya hablaré), agua, café e infusiones gratis, dos piscinas casi olímpicas (largos de a dos brazadas); y de vez en cuando, como está noche, se acercan animalitos a animarnos la velada: hoy ha sido un ñu y un kudu, como si dijésemos vaca y caballo, pero salvajes. Pondré una foto, por si no se me cree.
| Quede claro que de los muchos huéspedes que observaban solo uno se ha aproximado al animalito, el que suscribe. |
Antes de contar las mil y una aventuras de ayer y de hoy he pensado que debo ubicar a los lectores. Lo he dicho, pero por si acaso, estamos en el país más al sur del continente africano, debajo de Namibia, Boswana y Mozambique (de oeste a este). Aterrizamos en Johannesburgo y en autobús llegamos al Parque Marloch donde nos alojamos. Marloch está debajo del Kruger (creo que fue parte del mismo, pero hoy en día es principalmente el área residencial más próximo, pegado, al Parque Nacional). El parque Kruger está cercado, son contados los animales que “pasan” a Marloch, donde entiendo que la protección es menor. El parque es magnífico, más allá de los animales que en él viven, no me atrevo a poner una foto porque, con la calidad que suelen tener, echaría por tierra cualquier expectativa. Venid y lo veis.
Un pequeño anticipo, por situarnos en el mapa: en unos días pensamos volar al sursur, a Ciudad del Cabo; el resto se irá viendo, de momento seguimos en el KNP.
Y con esto, hasta la siguiente. Hoy el que chupa cámara es otro. Junto al Crocodile river(me permito no traducir), que separa Marloch de KNP, valla electrificada incluida. Tomando una cervecita, con su tapita bien servida y disfrutando de la puesta de sol (casi ibicenca).
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